Martes 21 Abril 2026
Éxodo 17-18
LECTURA DIARIA


ÉXODO 17:2-3, 6-12, 15-16
Y altercó el pueblo con Moisés, y dijeron: Danos agua para que bebamos. Y Moisés les dijo: ¿Por qué altercáis conmigo? ¿Por qué tentáis a Jehová? Así que el pueblo tuvo allí sed, y murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?
He aquí que yo estaré delante de ti allí sobre la peña en Horeb; y golpearás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo. Y Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel. Y llamó el nombre de aquel lugar Masah y Meriba, por la rencilla de los hijos de Israel, y porque tentaron a Jehová, diciendo: ¿Está, pues, Jehová entre nosotros, o no? Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim.Y dijo Moisés a Josué: Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano. E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado.Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol.
Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová-nisi; y dijo: Por cuanto la mano de Amalec se levantó contra el trono de Jehová, Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación.
ÉXODO 18:1, 9, 13-14, 17-18, 20-21, 23-24
Oyó Jetro sacerdote de Madián, suegro de Moisés, todas las cosas que Dios había hecho con Moisés, y con Israel su pueblo, y cómo Jehová había sacado a Israel de Egipto.
Y se alegró Jetro de todo el bien que Jehová había hecho a Israel, al haberlo librado de mano de los egipcios.
Aconteció que al día siguiente se sentó Moisés a juzgar al pueblo; y el pueblo estuvo delante de Moisés desde la mañana hasta la tarde. Viendo el suegro de Moisés todo lo que él hacía con el pueblo, dijo: ¿Qué es esto que haces tú con el pueblo? ¿Por qué te sientas tú solo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la tarde?
Entonces el suegro de Moisés le dijo: No está bien lo que haces. Desfallecerás del todo, tú, y también este pueblo que está contigo; porque el trabajo es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo.
Y enseña a ellos las ordenanzas y las leyes, y muéstrales el camino por donde deben andar, y lo que han de hacer. Además escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez.
Si esto hicieres, y Dios te lo mandare, tú podrás sostenerte, y también todo este pueblo irá en paz a su lugar. Y oyó Moisés la voz de su suegro, e hizo todo lo que dijo.
En Éxodo 17 y 18, se ve con claridad cómo nuestro Padre amado sigue formando a Su pueblo en medio del proceso. En el capítulo 17, el pueblo vuelve a tener sed y contiende; allí, “tentar” no es solo dudar, es poner a prueba a Dios con una actitud de reclamo, como exigiendo señales. Aun así, Dios responde con misericordia y hace brotar agua de la roca, mostrando que Él es quien sustenta aun cuando el corazón no está en su mejor momento. Luego viene la batalla contra Amalec, donde ocurre algo profundo: cuando Moisés levantaba las manos, Israel prevalecía. En ese contexto, levantar las manos no era solo un gesto físico, era dependencia, intercesión y rendición total a Dios. Y cuando se cansaba, otros lo sostenían, enseñando que la victoria también requiere unidad y apoyo.
En el capítulo 18, Jetro le da un consejo a Moisés: no podía hacerlo todo solo. Esto, en ese tiempo, muestra un principio clave: el liderazgo se comparte y se organiza. No es falta de fe delegar, es sabiduría. Dios también forma en orden, estructura y trabajo en equipo.
En medio del proceso, habrá momentos de necesidad, cansancio y decisiones. Pero allí es donde se nos llama a mantenernos firmes, actuar con valentía y hacerlo todo con amor. No es tiempo de contender ni de cargar solos, es tiempo de depender de Dios, sostenernos unos a otros y caminar en orden.
No responder desde la queja, sino desde la confianza; no pelear solos, sino apoyarse como cuerpo; no querer hacerlo todo, sino aprender a delegar y caminar en sabiduría. Esforzarse en amor también es reconocer que necesitamos de Dios y de los demás para avanzar correctamente.
