Martes 24 Marzo 2026
Génesis 50
LECTURA DIARIA


Génesis 50:1-2, 15, 17, 19-20, 24-26
Entonces se echó José sobre el rostro de su padre, y lloró sobre él, y lo besó. Y mandó José a sus siervos los médicos que embalsamasen a su padre; y los médicos embalsamaron a Israel.
Viendo los hermanos de José que su padre era muerto, dijeron: Quizá nos aborrecerá José, y nos dará el pago de todo el mal que le hicimos.
Así diréis a José: Te ruego que perdones ahora la maldad de tus hermanos y su pecado, porque mal te trataron; por tanto, ahora te rogamos que perdones la maldad de los siervos del Dios de tu padre. Y José lloró mientras hablaban.
Y les respondió José: No temáis; ¿acaso estoy yo en lugar de Dios? Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo.
Y José dijo a sus hermanos: Yo voy a morir; mas Dios ciertamente os visitará, y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Isaac y a Jacob. E hizo jurar José a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis llevar de aquí mis huesos. Y murió José a la edad de ciento diez años; y lo embalsamaron, y fue puesto en un ataúd en Egipto.
En Génesis 50 vemos el cierre de una historia marcada por procesos, pero sostenida por la fidelidad de nuestro Padre amado. Tras la muerte de Jacob, José honra a su padre con respeto y orden, siguiendo las costumbres orientales de duelo, donde el llanto, el acompañamiento y el entierro en la tierra prometida reflejaban identidad y esperanza. Luego, sus hermanos temen que José tome venganza, pero él responde con una verdad poderosa: “vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien”. Aquí no se presenta a Dios como autor del mal, sino como Aquel que en Su soberanía transforma lo que el enemigo quiso para destrucción en propósito y vida. José decide perdonar y sostener a su familia, mostrando un corazón firme, maduro y lleno de amor. Finalmente, antes de morir, deja una instrucción: que cuando Dios los visite, lleven sus huesos de regreso; en la mentalidad hebrea, esto era una declaración de fe en las promesas futuras. Este capítulo nos enseña que una vida firme permanece en integridad hasta el final: honra, perdona, confía y ama, aun después de haber pasado por pruebas. Cuando caminamos así, atentos a nuestro Padre, no reaccionamos desde el dolor, sino desde la convicción, y vivimos de tal manera que todo lo que hacemos esté marcado por amor, dejando un testimonio que glorifica a Dios .
