Martes 27 Octubre 2026
Jueces 9
LECTURA DIARIA


JUECES 9:1-2, 6-9, 12-18, 23-24, 56-57
Abimelec hijo de Jerobaal fue a Siquem, a los hermanos de su madre, y habló con ellos, y con toda la familia de la casa del padre de su madre, diciendo:
Yo os ruego que digáis en oídos de todos los de Siquem: ¿Qué os parece mejor, que os gobiernen setenta hombres, todos los hijos de Jerobaal, o que os gobierne un solo hombre? Acordaos que yo soy hueso vuestro, y carne vuestra.
Entonces se juntaron todos los de Siquem con toda la casa de Milo, y fueron y eligieron a Abimelec por rey, cerca de la llanura del pilar que estaba en Siquem. Cuando se lo dijeron a Jotam, fue y se puso en la cumbre del monte de Gerizim, y alzando su voz clamó y les dijo: Oídme, varones de Siquem, y así os oiga Dios. Fueron una vez los árboles a elegir rey sobre sí, y dijeron al olivo: Reina sobre nosotros. Mas el olivo respondió: ¿He de dejar mi aceite, con el cual en mí se honra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles?
Dijeron luego los árboles a la vid: Pues ven tú, reina sobre nosotros. Y la vid les respondió: ¿He de dejar mi mosto, que alegra a Dios y a los hombres, para ir a ser grande sobre los árboles? Dijeron entonces todos los árboles a la zarza: Anda tú, reina sobre nosotros. Y la zarza respondió a los árboles: Si en verdad me elegís por rey sobre vosotros, venid, abrigaos bajo de mi sombra; y si no, salga fuego de la zarza y devore a los cedros del Líbano. Ahora, pues, si con verdad y con integridad habéis procedido en hacer rey a Abimelec, y si habéis actuado bien con Jerobaal y con su casa, y si le habéis pagado conforme a la obra de sus manos (porque mi padre peleó por vosotros, y expuso su vida al peligro para libraros de mano de Madián, y vosotros os habéis levantado hoy contra la casa de mi padre, y habéis matado a sus hijos, setenta varones sobre una misma piedra; y habéis puesto por rey sobre los de Siquem a Abimelec hijo de su criada, por cuanto es vuestro hermano);
envió Dios un mal espíritu entre Abimelec y los hombres de Siquem, y los de Siquem se levantaron contra Abimelec; para que la violencia hecha a los setenta hijos de Jerobaal, y la sangre de ellos, recayera sobre Abimelec su hermano que los mató, y sobre los hombres de Siquem que fortalecieron las manos de él para matar a sus hermanos.
Así pagó Dios a Abimelec el mal que hizo contra su padre, matando a sus setenta hermanos. Y todo el mal de los hombres de Siquem lo hizo Dios volver sobre sus cabezas, y vino sobre ellos la maldición de Jotam hijo de Jerobaal.
Jueces 9 nos muestra una realidad que necesitamos discernir: no todo el que busca una posición está preparado para ejercerla, ni toda propuesta que parece conveniente conduce a un buen destino. Abimelec, hijo de Gedeón y de una concubina, convenció a los familiares de su madre para que lo apoyaran, apelando a sus vínculos familiares y presentándose como una opción conveniente. Con dinero del templo de Baal-berit contrató hombres sin escrúpulos y asesinó a sus hermanos, excepto Jotam, quien logró escapar. ¡Qué contraste tan doloroso! Gedeón había reconocido que Jehová debía señorear sobre Israel, pero ahora su hijo buscaba establecer su dominio mediante la violencia. Jotam expuso la insensatez de aquella elección con una parábola: los árboles buscaban un rey, pero los árboles fructíferos rechazaron abandonar su propósito para gobernar; finalmente, la zarza aceptó y advirtió que, si no actuaban con sinceridad, el fuego saldría de ella y los consumiría. Esta ilustración nos hace pensar en la diferencia entre quien sirve con fruto y quien solo desea ocupar un lugar de autoridad. La verdadera madurez no consiste en imponerse, sino en tener carácter para servir, actuar con justicia y procurar el bien de los demás. Con el tiempo, la relación entre Abimelec y los hombres de Siquem se deterioró; surgieron la traición, la violencia y las represalias, hasta que se cumplió la advertencia de Jotam. Abimelec, que había derramado sangre para alcanzar el poder, terminó muriendo de una manera humillante durante el ataque a una torre, cuando una mujer dejó caer sobre su cabeza un pedazo de una rueda de molino. Así se cerró una historia marcada por la ambición, la venganza y el desprecio por la vida. Este capítulo no nos llama a vivir sospechando de todos, sino a velar y discernir: debemos examinar qué motiva nuestras decisiones, cómo tratamos a quienes nos rodean y qué clase de fruto produce nuestra influencia. Nuestro Padre amado desea que caminemos con integridad, que no usemos a los demás para alcanzar nuestros objetivos y que no permitamos que el orgullo o la ofensa gobiernen nuestras respuestas. La firmeza espiritual también se demuestra cuando renunciamos a lo que alimenta nuestra ambición y escogemos lo que honra a Dios. Velar es reconocer aquello que intenta ocupar el lugar de la verdad en nuestro corazón; permanecer firmes es elegir la integridad, la justicia y el amor, aun cuando el camino más fácil parezca otro. Que nuestro Padre amado nos conceda sabiduría para servir sin buscar reconocimiento, humildad para recibir corrección y un corazón firme que produzca buen fruto, mientras aguardamos con esperanza el retorno de nuestro Señor Jesucristo.


