Martes 29 Septiembre 2026

Josué 1

LECTURA DIARIA

JOSUÉ 1:2, 5-9, 16-17

Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel.

Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé. Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos. Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.

Entonces respondieron a Josué, diciendo: Nosotros haremos todas las cosas que nos has mandado, e iremos adondequiera que nos mandes. De la manera que obedecimos a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a ti; solamente que Jehová tu Dios esté contigo, como estuvo con Moisés.

Josué 1 comienza después de la muerte de Moisés, y la primera palabra de Dios a Josué es: «Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán». Qué momento tan significativo: una etapa había terminado, pero Dios no había terminado Su obra. Josué no tenía que vivir mirando lo que quedó atrás ni intentar ocupar el lugar de Moisés; debía levantarse y asumir con fe aquello que Dios había puesto delante de él. Y antes de hablarle de la tierra que iba a conquistar, Dios le habló de su corazón: «Esfuérzate y sé muy valiente», porque el verdadero desafío no sería solamente avanzar frente a los obstáculos, sino permanecer firme en la Palabra mientras avanzaba. Por eso le ordena meditar en ella de día y de noche, hablarla y cuidarla para ponerla por obra. La Palabra debía estar en su boca, en su pensamiento y finalmente en sus decisiones. Para el creyente y para el Cuerpo de Cristo, esto es profundamente práctico: cuando una etapa cambia, no necesitamos quedarnos paralizados por lo que terminó ni permitir que lo desconocido gobierne nuestros pensamientos. Podemos levantarnos, tomar la Palabra y avanzar confiando en que la presencia de Dios no quedó en la etapa anterior. «Como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé». La seguridad de Josué no estaba en su propia capacidad, sino en la fidelidad de Aquel que iba delante de él. Velar, entonces, también significa cuidar nuestra mente cuando enfrentamos cambios, recordar lo que Dios ha dicho, obedecer aunque todavía no veamos todo el camino y mantener el corazón firme en amor. La etapa puede cambiar, pero nuestro Padre amado permanece; el escenario puede ser nuevo, pero Su Palabra sigue siendo nuestra dirección. Josué se levantó, tomó su lugar y llamó al pueblo a prepararse para avanzar. Y nosotros también somos llamados a hacer lo mismo: no vivir detenidos por lo que terminó, sino caminar con una mente renovada, firmes en la fe, atentos a la voz de Dios y confiados en Su presencia mientras seguimos avanzando hacia aquello que Él ha puesto delante, con nuestros ojos puestos en Cristo Jesús.

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