Martes 31 Marzo 2026

Éxodo 3 - 4

LECTURA DIARIA

Éxodo 3:2-3, 5, 10-14

Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema.

Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es.

Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel. Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte. Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.

Éxodo 4:10-15

Entonces dijo Moisés a Jehová: ¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua. Y Jehová le respondió: ¿Quién dio la boca al hombre? ¿o quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová? Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar. Y él dijo: ¡Ay, Señor! envía, te ruego, por medio del que debes enviar. Entonces Jehová se enojó contra Moisés, y dijo: ¿No conozco yo a tu hermano Aarón, levita, y que él habla bien? Y he aquí que él saldrá a recibirte, y al verte se alegrará en su corazón. Tú hablarás a él, y pondrás en su boca las palabras, y yo estaré con tu boca y con la suya, y os enseñaré lo que hayáis de hacer.

En Éxodo 3 y 4 vemos el encuentro transformador de Moisés con nuestro Padre amado en la zarza ardiente. El desierto no era solo un lugar físico, sino un espacio donde Dios forma el corazón y enseña a depender totalmente de Él; en medio de lo sencillo y apartado, Dios se revela y llama. La zarza que ardía sin consumirse muestra que cuando Dios está presente, Él sostiene: Su fuego revela, transforma, pero no destruye. Cuando le dice “quita el calzado”, era una forma de reconocer que estaba delante de algo santo, un momento donde todo se detiene para honrar a Dios. Moisés recibe un llamado claro, pero también muestra temor y dudas; aun así, Dios no lo aparta, sino que le confirma Su presencia, le da señales y le muestra que puede usar lo que tiene en sus manos. Incluso cuando Moisés se siente incapaz, Dios provee ayuda a través de Aarón, dejando ver que el llamado no depende de nuestra capacidad, sino de la fidelidad de Dios.

Estos capítulos nos enseñan que una vida firme comienza cuando respondemos al llamado de Dios aun con temores, confiando en que nuestro Padre amado es quien capacita. Mantenernos firmes no es sentirnos listos, es dar el paso en obediencia, avanzar con valentía y depender cada día de Su presencia. Cuando dejamos de enfocarnos en nuestras limitaciones y confiamos en que Dios va con nosotros, caminamos en propósito, actuando con amor y seguridad, sabiendo que Él es suficiente en todo.