Martes 5 Mayo 2026
Éxodo 27 y 28
LECTURA DIARIA


ÉXODO 27:1, 8, 20-21
Harás también un altar de madera de acacia de cinco codos de longitud, y de cinco codos de anchura; será cuadrado el altar, y su altura de tres codos.
Lo harás hueco, de tablas; de la manera que te fue mostrado en el monte, así lo harás.
Y mandarás a los hijos de Israel que te traigan aceite puro de olivas machacadas, para el alumbrado, para hacer arder continuamente las lámparas. En el tabernáculo de reunión, afuera del velo que está delante del testimonio, las pondrá en orden Aarón y sus hijos para que ardan delante de Jehová desde la tarde hasta la mañana, como estatuto perpetuo de los hijos de Israel por sus generaciones.
ÉXODO 28:2, 9-10, 12, 29-30
Y harás vestiduras sagradas a Aarón tu hermano, para honra y hermosura.
Y tomarás dos piedras de ónice, y grabarás en ellas los nombres de los hijos de Israel; seis de sus nombres en una piedra, y los otros seis nombres en la otra piedra, conforme al orden de nacimiento de ellos.
Y pondrás las dos piedras sobre las hombreras del efod, para piedras memoriales a los hijos de Israel; y Aarón llevará los nombres de ellos delante de Jehová sobre sus dos hombros por memorial.
Y llevará Aarón los nombres de los hijos de Israel en el pectoral del juicio sobre su corazón, cuando entre en el santuario, por memorial delante de Jehová continuamente. Y pondrás en el pectoral del juicio Urim y Tumim, para que estén sobre el corazón de Aarón cuando entre delante de Jehová; y llevará siempre Aarón el juicio de los hijos de Israel sobre su corazón delante de Jehová.
En Éxodo 27 y 28 nuestro Padre amado sigue revelando Su diseño, mostrando que acercarse a Él implica orden, identidad y propósito. El altar del holocausto y el aceite para el candelabro, en el lenguaje oriental, hablan de entrega continua y una luz que no se apaga, es decir, una vida que se mantiene conectada y disponible para Dios cada día. Luego, las vestiduras sacerdotales no eran solo ropa, eran una representación visible de identidad; cuando el sacerdote llevaba los nombres del pueblo en su pecho, mostraba responsabilidad, amor y representación delante de Dios. Esto apunta a una verdad práctica: no se trata solo de creer, sino de vivir conscientes de quiénes somos y a quién representamos.
También se ve que todo debía hacerse con precisión, lo que enseña que la vida espiritual no es improvisada; Dios forma carácter, orden y coherencia.
Estar firmes es vivir con identidad, sabiendo que pertenecemos a nuestro Padre amado.
Velar es mantener la “luz encendida”: cuidar la relación diaria con Dios.
Esforzarse en amor es vivir con responsabilidad, representando a Cristo Jesús en todo.
La vida con Dios se construye con intención, no a la ligera.
Nuestro Padre amado no solo quiere cercanía, quiere hijos que vivan con identidad clara y corazón dispuesto. Cuando alguien entiende esto, deja de vivir por impulso y comienza a caminar firme, ordenado y esforzado en amor, reflejando a Cristo Jesús en cada detalle de su vida.
