Martes 6 Octubre 2026

Josué 9 y 10

LECTURA DIARIA

JOSUÉ 9:3-5, 14-15, 19-20

Mas los moradores de Gabaón, cuando oyeron lo que Josué había hecho a Jericó y a Hai, usaron de astucia; pues fueron y se fingieron embajadores, y tomaron sacos viejos sobre sus asnos, y cueros viejos de vino, rotos y remendados, y zapatos viejos y recosidos en sus pies, con vestidos viejos sobre sí; y todo el pan que traían para el camino era seco y mohoso.

Y los hombres de Israel tomaron de las provisiones de ellos, y no consultaron a Jehová. Y Josué hizo paz con ellos, y celebró con ellos alianza concediéndoles la vida; y también lo juraron los príncipes de la congregación.

Mas todos los príncipes respondieron a toda la congregación: Nosotros les hemos jurado por Jehová Dios de Israel; por tanto, ahora no les podemos tocar. Esto haremos con ellos: les dejaremos vivir, para que no venga ira sobre nosotros por causa del juramento que les hemos hecho.

JOSUÉ 10:1, 3-5, 8-9, 11-14

Cundo Adonisedec rey de Jerusalén oyó que Josué había tomado a Hai, y que la había asolado (como había hecho a Jericó y a su rey, así hizo a Hai y a su rey), y que los moradores de Gabaón habían hecho paz con los israelitas, y que estaban entre ellos,

Por lo cual Adonisedec rey de Jerusalén envió a Hoham rey de Hebrón, a Piream rey de Jarmut, a Jafía rey de Laquis y a Debir rey de Eglón, diciendo: Subid a mí y ayudadme, y combatamos a Gabaón; porque ha hecho paz con Josué y con los hijos de Israel. Y cinco reyes de los amorreos, el rey de Jerusalén, el rey de Hebrón, el rey de Jarmut, el rey de Laquis y el rey de Eglón, se juntaron y subieron, ellos con todos sus ejércitos, y acamparon cerca de Gabaón, y pelearon contra ella.

Y Jehová dijo a Josué: No tengas temor de ellos; porque yo los he entregado en tu mano, y ninguno de ellos prevalecerá delante de ti. Y Josué vino a ellos de repente, habiendo subido toda la noche desde Gilgal.

Y mientras iban huyendo de los israelitas, a la bajada de Bet-horón, Jehová arrojó desde el cielo grandes piedras sobre ellos hasta Azeca, y murieron; y fueron más los que murieron por las piedras del granizo, que los que los hijos de Israel mataron a espada. Entonces Josué habló a Jehová el día en que Jehová entregó al amorreo delante de los hijos de Israel, y dijo en presencia de los israelitas: Sol, detente en Gabaón; Y tú, luna, en el valle de Ajalón. Y el sol se detuvo y la luna se paró, Hasta que la gente se hubo vengado de sus enemigos. ¿No está escrito esto en el libro de Jaser? Y el sol se paró en medio del cielo, y no se apresuró a ponerse casi un día entero. Y no hubo día como aquel, ni antes ni después de él, habiendo atendido Jehová a la voz de un hombre; porque Jehová peleaba por Israel.

Josué 9 y 10 muestran que aun después de grandes victorias el creyente necesita seguir velando, porque no todo lo que parece conveniente viene acompañado de la dirección de Dios. Los gabaonitas engañaron a Israel presentándose como viajeros de una tierra lejana, llevando pan viejo, vestidos gastados y sandalias remendadas como evidencia de su historia; según las costumbres del mundo antiguo, un pacto confirmado mediante juramento tenía un peso muy serio, y por eso Israel terminó comprometiéndose con ellos. El punto decisivo aparece en una frase sencilla pero profunda: «Y los hombres de Israel tomaron de las provisiones de ellos, y no consultaron a Jehová». No fue falta de información, sino falta de consulta. ¡Qué importante para nosotros! Podemos observar, analizar y hasta tener argumentos que parecen convincentes, pero la prudencia espiritual nos lleva a buscar primero la dirección de Dios. Sin embargo, una vez dado el juramento, Josué decidió honrar su palabra, aun cuando había sido engañado, mostrando que la integridad no depende de que los demás hayan actuado correctamente. En el capítulo 10, esa decisión trae una responsabilidad inesperada: Israel debe defender a Gabaón frente a cinco reyes amorreos. Josué no retrocede; Dios le dice: «No tengas temor de ellos; porque yo los he entregado en tu mano», y nuevamente la obediencia se convierte en perseverancia. Israel marcha toda la noche, pelea, y Jehová mismo interviene con grandes piedras de granizo; luego aparece aquella extraordinaria escena en la que Josué pide que el sol se detenga hasta completar la batalla. Para el creyente, estos capítulos dejan preguntas que llegan al corazón: ¿estoy consultando a Dios antes de decidir?, ¿sé reconocer cuando algo parece correcto pero necesita ser llevado primero a Su Palabra?, ¿y una vez que he asumido una responsabilidad, permanezco fiel aunque el camino se vuelva más difícil? Nuestro Padre amado nos enseña a discernir antes de decidir, a honrar nuestra palabra y a perseverar cuando obedecer nos cuesta. Velar es consultar antes de avanzar; permanecer firme es no abandonar lo correcto cuando aparecen las dificultades. Así caminamos con una mente renovada, un corazón íntegro y una fe perseverante, aguardando con amor el retorno de nuestro Señor Jesucristo.

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