Martes 7 Abril 2026
Éxodo 9 y 10
LECTURA DIARIA


Éxodo 9:16, 34-35
Y a la verdad yo te he puesto para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado en toda la tierra.
Y viendo Faraón que la lluvia había cesado, y el granizo y los truenos, se obstinó en pecar, y endurecieron su corazón él y sus siervos. Y el corazón de Faraón se endureció, y no dejó ir a los hijos de Israel, como Jehová lo había dicho por medio de Moisés.
Éxodo 10:1-3, 16
Jehová dijo a Moisés: Entra a la presencia de Faraón; porque yo he endurecido su corazón, y el corazón de sus siervos, para mostrar entre ellos estas mis señales, y para que cuentes a tus hijos y a tus nietos las cosas que yo hice en Egipto, y mis señales que hice entre ellos; para que sepáis que yo soy Jehová. Entonces vinieron Moisés y Aarón a Faraón, y le dijeron: Jehová el Dios de los hebreos ha dicho así: ¿Hasta cuándo no querrás humillarte delante de mí? Deja ir a mi pueblo, para que me sirva.
Entonces Faraón se apresuró a llamar a Moisés y a Aarón, y dijo: He pecado contra Jehová vuestro Dios, y contra vosotros.
En Éxodo 9 y 10 vemos cómo nuestro Padre amado sigue mostrando Su poder en medio de las plagas sobre Egipto, confrontando la dureza del corazón de Faraón. En la mentalidad oriental, cada plaga no solo era juicio, sino una demostración de que Dios es el único soberano por encima de todo lo que el hombre considera fuerte o seguro. Sin embargo, lo más impactante no es solo lo que sucede afuera, sino lo que ocurre dentro: el corazón de Faraón se endurece repetidamente. Aquí vemos un contraste profundo: mientras Dios llama a libertad y vida, el corazón endurecido resiste y se cierra. Esto nos lleva a algo muy práctico hoy: esforzarnos en amor no es automático, es una decisión diaria de mantener el corazón sensible a Dios.
El pueblo de Israel estaba siendo preparado para salir, pero Faraón, aun viendo el poder de Dios, no cedía. Esto nos enseña que uno puede ver milagros y aun así endurecerse si no decide caminar en amor y obediencia. Esforzarnos en amor implica rendir nuestra voluntad, perdonar, obedecer y no resistir lo que Dios quiere hacer en nosotros. No es debilidad, es firmeza espiritual: elegir lo correcto aun cuando cuesta.
Así, estos capítulos nos llaman a velar sobre nuestro corazón, a no endurecernos en medio de los procesos, y a responder como hijos: con obediencia, sensibilidad y amor. Porque una vida firme no solo reconoce el poder de Dios, sino que se rinde a Él y decide actuar en amor en todo momento.
