Miércoles 1 Julio 2026
Levítico 17 y 18
LECTURA DIARIA


LEVÍTICO 17:11, 14
Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona.
Porque la vida de toda carne es su sangre; por tanto, he dicho a los hijos de Israel: No comeréis la sangre de ninguna carne, porque la vida de toda carne es su sangre; cualquiera que la comiere será cortado.
LEVÍTICO 18:4-5, 24-25, 30
Mis ordenanzas pondréis por obra, y mis estatutos guardaréis, andando en ellos. Yo Jehová vuestro Dios. Por tanto, guardaréis mis estatutos y mis ordenanzas, los cuales haciendo el hombre, vivirá en ellos. Yo Jehová.
En ninguna de estas cosas os amancillaréis; pues en todas estas cosas se han corrompido las naciones que yo echo de delante de vosotros, y la tierra fue contaminada; y yo visité su maldad sobre ella, y la tierra vomitó sus moradores.
Guardad, pues, mi ordenanza, no haciendo las costumbres abominables que practicaron antes de vosotros, y no os contaminéis en ellas. Yo Jehová vuestro Dios.
Levítico 17 y 18 nos recuerdan que la vida le pertenece a Dios y que Su pueblo ha sido llamado a vivir de una manera totalmente diferente al mundo que lo rodea. En Levítico 17, el Señor establece que la sangre representa la vida y que debía ser tratada con reverencia, mostrando que no hay vida verdadera fuera de la dependencia de Dios. En el pensamiento del pueblo de Israel, estas instrucciones no eran simples normas alimentarias o rituales, sino una forma de reconocer que cada aspecto de la vida estaba bajo la autoridad del Creador. Luego, en Levítico 18, Dios marca límites claros de conducta, advirtiendo a Su pueblo que no imite las costumbres corruptas de las naciones, sino que viva conforme a Su diseño santo y perfecto.
Para nosotros, la enseñanza es profunda: Dios no solo nos llama a evitar lo incorrecto, sino a vivir consagrados, conscientes de que pertenecemos a Él en cada área de nuestra vida. Mientras aguardamos el retorno de Cristo Jesús, somos llamados a permanecer firmes en santidad, fortalecidos en la gracia y decididos a no contaminarnos con lo que el mundo normaliza. Porque una vida que honra a Dios no se guía por tendencias, sino por la obediencia a Su Palabra, y encuentra su plenitud en caminar bajo Su voluntad perfecta.
