Miércoles 16 Septiembre 2026

Proverbios 3

LECTURA DIARIA

PROVERBIOS 3:1, 3-7, 11, 13-15, 21-24, 26

Hijo mío, no te olvides de mi ley, Y tu corazón guarde mis mandamientos;

Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; Átalas a tu cuello, Escríbelas en la tabla de tu corazón; Y hallarás gracia y buena opinión Ante los ojos de Dios y de los hombres. Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal;

No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, Ni te fatigues de su corrección;

Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, Y que obtiene la inteligencia; Porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, Y sus frutos más que el oro fino. Más preciosa es que las piedras preciosas; Y todo lo que puedes desear, no se puede comparar a ella.

Hijo mío, no se aparten estas cosas de tus ojos; Guarda la ley y el consejo, Y serán vida a tu alma, Y gracia a tu cuello. Entonces andarás por tu camino confiadamente, Y tu pie no tropezará. Cuando te acuestes, no tendrás temor, Sino que te acostarás, y tu sueño será grato.

Porque Jehová será tu confianza, Y él preservará tu pie de quedar preso.

Proverbios 3 presenta el consejo amoroso de un padre que desea que su hijo aprenda a caminar por la vida con un corazón gobernado por la Palabra y una mente dispuesta a ser transformada por la sabiduría de Dios. No se trata solamente de conocer los mandamientos, sino de recibir la verdad, guardarla en lo profundo y permitir que renueve nuestra manera de pensar, discernir y decidir. Por eso exhorta: «Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia». La mente renovada aprende a reconocer sus límites y deja de depender exclusivamente de sus propias conclusiones para confiar en la dirección del Padre amado. Su gracia se manifiesta en que Él no nos abandona a nuestros errores, sino que nos enseña, nos corrige con amor y endereza nuestro camino cuando permitimos que Su Palabra ajuste nuestro corazón. El capítulo también nos invita a honrar a Dios con lo que hemos recibido, reconociendo que todo proviene de Su bondad y que la provisión debe producir gratitud, no autosuficiencia. La sabiduría vale más que las riquezas porque trae vida, paz y estabilidad; pero debe hacerse visible en nuestras relaciones, en la manera de responder a las ofensas, de hacer el bien y de apartarnos del mal. Así, la gracia recibida transforma nuestra manera de pensar y se convierte en una vida que refleja misericordia, verdad, prudencia y amor. El creyente que vela cuida sus pensamientos, discierne lo que alimenta su corazón, recibe la corrección con humildad y permite que Dios renueve su mente para caminar conforme a Su voluntad. Nuestro Padre no solamente nos muestra el camino; por Su gracia, también forma nuestro interior para recorrerlo con una fe firme, una mente renovada y un corazón lleno de amor mientras aguardamos fielmente el retorno de Nuestro Señor Jesucristo.

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