Miércoles 2 Septiembre 2026
Salmos 147
LECTURA DIARIA


SALMOS 147:3-5, 10-11, 13, 15, 18.
Él sana a los quebrantados de corazón, Y venda sus heridas. Él cuenta el número de las estrellas; A todas ellas llama por sus nombres. Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder; Y su entendimiento es infinito.
No se deleita en la fuerza del caballo, Ni se complace en la agilidad del hombre. Se complace Jehová en los que le temen, Y en los que esperan en su misericordia.
Porque fortificó los cerrojos de tus puertas; Bendijo a tus hijos dentro de ti.
Él envía su palabra a la tierra; Velozmente corre su palabra.
Enviará su palabra, y los derretirá; Soplará su viento, y fluirán las aguas.
Salmos 147 presenta a un Dios cuya grandeza alcanza los cielos, pero cuya atención se acerca al corazón herido. El salmista comienza llamando a alabar a Jehová y enseguida muestra una verdad que toca muy de cerca: «Él sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas». El Dios que cuenta las estrellas también conoce las heridas de Sus hijos; Su grandeza no lo hace distante, Su grandeza le permite sostener aun aquello que nadie más alcanza a ver. El salmo también declara que Él «sana», «edifica, «reúne», «sostiene» y «da alimento»: acciones que muestran que Dios no solamente inicia una obra, sino que cuida continuamente de aquello que está formando.
Luego aparece una advertencia muy necesaria: «No se deleita en la fuerza del caballo, ni se complace en las piernas del hombre. Se complace Jehová en los que le temen, y en los que esperan en su misericordia». El contraste es claro: fuerza humana - confianza en Dios; capacidad propia - dependencia; apariencia de poder - corazón que espera en Su misericordia. Para el creyente, velar también significa revisar dónde está depositando su seguridad. Puede haber recursos, habilidades y experiencia, pero nada de eso debe desplazar la confianza en Dios.
El salmo termina exaltando la Palabra: Dios «envía su palabra a la tierra; velozmente corre su palabra» y «ha manifestado sus palabras a Jacob». Aquí está algo fundamental para este mes: la Palabra no fue dada simplemente para ser conocida, sino para gobernar el caminar. Permanecer firmes significa permanecer cerca de aquello que Dios ya habló, especialmente cuando las circunstancias intentan producir temor, confusión o desánimo.
Para el Cuerpo de Cristo, Salmos 147 llama a ser una comunidad que también edifica; reunir al disperso, vendar al herido, sostener al débil y recordar juntos la fidelidad de Dios. Y cada creyente tiene su propia responsabilidad: cuidar su corazón, permanecer en la Palabra, esperar en la misericordia de Dios y no sustituir la dependencia por autosuficiencia.
Cuando el corazón esté herido, acercarse a Dios; cuando falten fuerzas, depender de Él; cuando aparezca confusión, volver a Su Palabra; cuando otros estén débiles, ayudar a sostenerlos; y cuando se espere lo que todavía no llega, permanecer firmes. Velar no es vivir preocupados por lo que pueda suceder; es mantener el corazón despierto para no apartarse de la Palabra, de la fe y del amor. Mientras la Iglesia aguarda el glorioso retorno de Cristo Jesús, puede hacerlo con una certeza hermosa: Nuestro Padre que conoce las estrellas también conoce cada corazón, y el que sostiene los cielos sigue sosteniendo a Sus hijos.
