Miércoles 21 Octubre 2026
Proverbios 18
LECTURA DIARIA


PROVERBIOS 18:10, 12-13, 21, 24
Torre fuerte es el nombre de Jehová; A él correrá el justo, y será levantado.
Antes del quebrantamiento se eleva el corazón del hombre, Y antes de la honra es el abatimiento. Al que responde palabra antes de oír, Le es fatuidad y oprobio.
La muerte y la vida están en poder de la lengua, Y el que la ama comerá de sus frutos.
El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; Y amigo hay más unido que un hermano.
Proverbios 18 nos recuerda que la manera en que pensamos, hablamos y escuchamos revela lo que estamos cultivando en nuestro corazón. El capítulo advierte sobre el peligro de aislarnos por orgullo, hablar sin conocimiento y responder antes de escuchar; porque «al que responde palabra antes de oír, le es fatuidad y oprobio». ¡Cuántos conflictos podrían evitarse si aprendiéramos a escuchar con paciencia antes de sacar conclusiones! En el hogar, en la Iglesia y en nuestras relaciones diarias, no siempre necesitamos responder más rápido; muchas veces necesitamos comprender mejor, hablar con prudencia y permitir que el amor de Dios gobierne nuestras reacciones. La Palabra también declara que «la muerte y la vida están en poder de la lengua» (18:21), recordándonos que nuestras palabras no son insignificantes: pueden levantar al abatido, restaurar una relación y transmitir esperanza, pero también pueden herir, dividir y destruir la confianza. Por eso, antes de hablar, conviene preguntarnos si lo que vamos a decir es verdadero, necesario y edificante. El capítulo nos enseña además que el nombre de Jehová es una torre fuerte a la que corre el justo y está seguro. Nuestra seguridad más profunda no debe depender de tener siempre la razón, controlar las circunstancias o recibir la aprobación de los demás, sino de permanecer cerca de nuestro Padre amado y confiar en Su dirección. También nos recuerda que «antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu»; por eso, un corazón sabio acepta la corrección, reconoce sus errores y está dispuesto a cambiar. Hoy podemos llevar esta enseñanza a la práctica: escuchar sin interrumpir, no juzgar sin conocer los hechos, pedir perdón cuando nuestras palabras hayan herido y escoger respuestas que promuevan la paz sin abandonar la verdad. Velar también es vigilar nuestra lengua; permanecer firmes es sostener la verdad sin dejar de amar. Que la gracia de Dios nos capacite para hablar con sabiduría, escuchar con humildad y tratar a los demás con la misma paciencia que necesitamos recibir. Que nuestras palabras sean una fuente de vida, nuestro corazón permanezca enseñable y nuestra conducta refleje a Cristo Jesús mientras aguardamos el retorno de nuestro Señor Jesucristo
