Miércoles 25 Marzo 2026
Salmos 71
LECTURA DIARIA


Salmos 71:1, 3, 5-9, 14-15, 17-19
En ti, oh Jehová, me he refugiado; No sea yo avergonzado jamás.
Sé para mí una roca de refugio, adonde recurra yo continuamente. Tú has dado mandamiento para salvarme, Porque tú eres mi roca y mi fortaleza.
Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza, Seguridad mía desde mi juventud. En ti he sido sustentado desde el vientre; De las entrañas de mi madre tú fuiste el que me sacó; De ti será siempre mi alabanza. Como prodigio he sido a muchos, Y tú mi refugio fuerte. Sea llena mi boca de tu alabanza, De tu gloria todo el día. No me deseches en el tiempo de la vejez; Cuando mi fuerza se acabare, no me desampares.
Mas yo esperaré siempre, Y te alabaré más y más. Mi boca publicará tu justicia Y tus hechos de salvación todo el día, Aunque no sé su número.
Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud, Y hasta ahora he manifestado tus maravillas. Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares, Hasta que anuncie tu poder a la posteridad, Y tu potencia a todos los que han de venir, Y tu justicia, oh Dios, hasta lo excelso. Tú has hecho grandes cosas; Oh Dios, ¿quién como tú?
En Salmos 71 vemos el corazón de un siervo que ha caminado muchos años con nuestro Padre amado y ha aprendido a depender de Él en cada etapa de la vida. El salmista clama desde una experiencia profunda: desde su juventud hasta la vejez, Dios ha sido su refugio. En la mentalidad oriental, la vejez no era debilidad, sino autoridad espiritual y testimonio vivo; por eso, este salmo no es solo una oración, es una declaración de fidelidad: “no me desampares”, no desde el miedo, sino desde la certeza de que Dios ha estado siempre presente. También vemos un enfoque clave: transmitir a la siguiente generación las obras de Dios, porque en esa cultura, el legado espiritual se enseñaba de padres a hijos como parte esencial de la vida. Este salmo nos enseña que una vida firme no depende de la edad ni de las circunstancias, sino de una relación constante con Dios. Cuando permanecemos cerca de nuestro Padre, confiando en Él desde temprano y a lo largo de los años, nuestra vida se convierte en un testimonio vivo que edifica a otros y declara que Dios sigue siendo fiel.
