Miércoles 27 Mayo 2026

Salmos 115

LECTURA DIARIA

SALMOS 115:1, 3-14, 16, 18

No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, Sino a tu nombre da gloria, Por tu misericordia, por tu verdad.

Nuestro Dios está en los cielos; Todo lo que quiso ha hecho. Los ídolos de ellos son plata y oro, Obra de manos de hombres. Tienen boca, mas no hablan; Tienen ojos, mas no ven; Orejas tienen, mas no oyen; Tienen narices, mas no huelen; Manos tienen, mas no palpan; Tienen pies, mas no andan; No hablan con su garganta. Semejantes a ellos son los que los hacen, Y cualquiera que confía en ellos. Oh Israel, confía en Jehová; Él es tu ayuda y tu escudo. Casa de Aarón, confiad en Jehová; Él es vuestra ayuda y vuestro escudo. Los que teméis a Jehová, confiad en Jehová; Él es vuestra ayuda y vuestro escudo. Jehová se acordó de nosotros; nos bendecirá; Bendecirá a la casa de Israel; Bendecirá a la casa de Aarón. Bendecirá a los que temen a Jehová, A pequeños y a grandes. Aumentará Jehová bendición sobre vosotros; Sobre vosotros y sobre vuestros hijos.

Los cielos son los cielos de Jehová; Y ha dado la tierra a los hijos de los hombres.

Pero nosotros bendeciremos a JAH Desde ahora y para siempre. Aleluya.

En el Salmo 115 el salmista dirige completamente la atención hacia la gloria y fidelidad de nuestro Padre amado, enseñando que el ser humano no fue creado para vivir exaltándose a sí mismo, sino para reconocer que solamente Dios merece honra y autoridad. El salmo comienza diciendo: “No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria”, revelando una verdad profundamente confrontadora para el corazón humano, porque muchas veces las personas buscan reconocimiento, aprobación o control, aun dentro de lo espiritual. Pero el salmista recuerda que toda gloria pertenece únicamente a Dios por Su misericordia y verdad. Luego hace una comparación poderosa entre el Dios vivo y los ídolos hechos por manos humanas. En el pensamiento oriental, los ídolos representaban dependencia falsa y seguridad vacía; tenían boca y no hablaban, ojos y no veían, mostrando que todo aquello que ocupa el lugar de Dios termina dejando el corazón vacío, endurecido y sin verdadera dirección. Y algo impactante ocurre: el salmista declara que quienes confían en ellos se vuelven semejantes a ellos. Esto enseña que aquello que domina el corazón termina moldeando silenciosamente la manera de pensar, sentir y vivir. Pero quienes confían en nuestro Padre amado desarrollan sensibilidad espiritual, estabilidad y reverencia. Por eso el salmo repite varias veces: “Él es vuestra ayuda y vuestro escudo”, recordando que la verdadera seguridad no está en sistemas humanos, emociones, dinero ni apariencia espiritual, sino en la presencia y fidelidad de Cristo Jesús.

Velar es discernir diariamente qué está ocupando el primer lugar en el corazón; estar firmes es permanecer confiando en Dios aun cuando existan incertidumbres; y esforzarse en amor es reflejar humildad, dependencia y gratitud delante de nuestro Padre amado. Porque una vida verdaderamente rendida deja de buscar su propia gloria y comienza a reflejar silenciosamente el carácter, la paz y la fidelidad de Cristo Jesús.

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