Miércoles 8 Abril 2026

Salmos 81

LECTURA DIARIA

Salmos 81:1-3, 7-8, 11-14, 16

Cantad con gozo a Dios, fortaleza nuestra; Al Dios de Jacob aclamad con júbilo. Entonad canción, y tañed el pandero, El arpa deliciosa y el salterio. Tocad la trompeta en la nueva luna, En el día señalado, en el día de nuestra fiesta solemne.

En la calamidad clamaste, y yo te libré; Te respondí en lo secreto del trueno; Te probé junto a las aguas de Meriba. Selah Oye, pueblo mío, y te amonestaré. Israel, si me oyeres,

Pero mi pueblo no oyó mi voz, E Israel no me quiso a mí. Los dejé, por tanto, a la dureza de su corazón; Caminaron en sus propios consejos. ¡Oh, si me hubiera oído mi pueblo, Si en mis caminos hubiera andado Israel! En un momento habría yo derribado a sus enemigos, Y vuelto mi mano contra sus adversarios.

Les sustentaría Dios con lo mejor del trigo, Y con miel de la peña les saciaría.

En Salmos 81 nuestro Padre amado llama a Su pueblo a recordar quién es Él y cómo los ha libertado, pero también confronta algo clave: la falta de obediencia. El salmo comienza con una invitación a celebrar; en la mentalidad oriental, las fiestas como la luna nueva y el toque de trompeta no eran solo celebraciones, sino recordatorios vivos de la fidelidad de Dios y de su pacto. Sin embargo, en medio de esa alegría, Dios revela Su dolor: “mi pueblo no oyó mi voz”. Aquí vemos que no basta con celebrar o conocer, sino obedecer. Luego dice que los dejó caminar en la dureza de su corazón, no como abandono, sino como consecuencia de no escuchar. Y declara algo poderoso: si Su pueblo le oyera, Él los sustentaría con lo mejor “trigo fino” y “miel de la peña”, expresiones hebreas de provisión abundante incluso en lugares donde naturalmente no debería haberla.

Este salmo nos lleva directo a vivir firmes: no solo velar, sino esforzarnos en amar y obedecer, aun cuando cueste. Porque la firmeza no es pasiva, es una decisión diaria de alinear el corazón con la voz de Dios. Cuando permanecemos atentos a nuestro Padre, sensibles a Su dirección y dispuestos a obedecer, vivimos una vida que no solo celebra, sino que camina en propósito, experimentando Su provisión y respaldo en cada paso.