Sábado 21 Marzo 2026
Salmos 66
LECTURA DIARIA


Salmos 66:1-3, 5, 8-12, 16, 18-20
Aclamad a Dios con alegría, toda la tierra. Cantad la gloria de su nombre; Poned gloria en su alabanza. Decid a Dios: ¡Cuán asombrosas son tus obras! Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos.
Venid, y ved las obras de Dios, Temible en hechos sobre los hijos de los hombres.
Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, Y haced oír la voz de su alabanza. Él es quien preservó la vida a nuestra alma, Y no permitió que nuestros pies resbalasen. Porque tú nos probaste, oh Dios; Nos ensayaste como se afina la plata. Nos metiste en la red; Pusiste sobre nuestros lomos pesada carga. Hiciste cabalgar hombres sobre nuestra cabeza; Pasamos por el fuego y por el agua, Y nos sacaste a abundancia.
Venid, oíd todos los que teméis a Dios, Y contaré lo que ha hecho a mi alma.
Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, El Señor no me habría escuchado. Mas ciertamente me escuchó Dios; Atendió a la voz de mi súplica. Bendito sea Dios, Que no echó de sí mi oración, ni de mí su misericordia.
En Salmos 66 vemos un llamado a toda la tierra a reconocer las obras poderosas de nuestro Padre amado. El salmista invita a alabar con gozo y a recordar cómo Dios ha obrado a favor de su pueblo; en la mentalidad oriental, contar las obras de Dios no era solo memoria, sino una forma de afirmar la fe y transmitirla a las siguientes generaciones. También menciona cómo el pueblo pasó por pruebas, fuego y agua, imágenes comunes en el pensamiento hebreo para describir procesos intensos que purifican y fortalecen. Sin embargo, no se presentan como destrucción, sino como parte de un camino donde Dios sostiene y finalmente introduce en abundancia. Más adelante, el salmista habla de venir con ofrendas y cumplir votos; en ese contexto, ofrecer sacrificios era una expresión visible de gratitud y compromiso con Dios. Finalmente, declara algo muy íntimo: que clamó a Dios, y Él le respondió, mostrando que nuestro Padre no solo obra en lo colectivo, sino también en lo personal. Este salmo nos enseña que la firmeza espiritual se fortalece cuando recordamos lo que Dios ha hecho, permanecemos fieles en medio de los procesos y mantenemos un corazón agradecido y cercano a Él. Cuando reconocemos que Papá ha estado presente en cada etapa, nuestro corazón se afirma, se llena de gratitud y permanece confiado en que Él seguirá obrando con poder y amor en nuestra vida.
