Sábado 25 Julio 2026
Salmos 129
LECTURA DIARIA


SALMOS 129:1-8
Mucho me han angustiado desde mi juventud, Puede decir ahora Israel; Mucho me han angustiado desde mi juventud; Mas no prevalecieron
contra mí. Sobre mis espaldas araron los aradores; Hicieron largos surcos. Jehová es justo; Cortó las coyundas de los impíos. Serán avergonzados y vueltos atrás Todos los que aborrecen a Sion. Serán como la hierba de los tejados, Que se seca antes que crezca; De la cual no llenó el segador su mano, Ni sus brazos el que hace gavillas. Ni dijeron los que pasaban: Bendición de Jehová sea sobre vosotros; Os bendecimos en el nombre de Jehová
Salmos 129 es el testimonio de alguien que ha sufrido profundamente, pero que también ha experimentado la fidelidad de Dios. Como uno de los Cánticos de Ascenso, recordaba a los israelitas que, aunque habían sido afligidos muchas veces a lo largo de su historia, nunca habían sido destruidos porque Dios los había sostenido. El salmista declara: "Sobre mis espaldas araron los aradores; hicieron largos surcos", una imagen oriental impactante que describe un dolor tan profundo que parece haber dejado marcas permanentes, como el arado que abre la tierra para sembrarla. Sin embargo, esta imagen también nos dirige proféticamente hacia Cristo Jesús. Antes de ir a la cruz, Su espalda fue herida por los azotes romanos; literalmente fue marcada y desgarrada por nuestro pecado. Lo que el salmista experimentó de manera figurada, nuestro Señor lo vivió de manera real y perfecta. Pero así como Dios cortó las coyundas de los impíos y detuvo el avance del arado, también la muerte, el pecado y el sufrimiento no pudieron vencer a Cristo Jesús.
Muchas veces los desafíos dejan surcos en nuestra vida, heridas, pérdidas, decepciones o cicatrices que parecen imposibles de borrar. Sin embargo, en las manos de Dios esos surcos no son el final de la historia. Así como la tierra es abierta para producir fruto, Dios puede transformar nuestros dolores en crecimiento espiritual, compasión, madurez y esperanza. Mientras aguardamos fielmente el retorno de Cristo Jesús, permanezcamos velando, firmes en la fe, fortalecidos en la gracia y haciendo todas las cosas con amor, recordando que nuestro Salvador comprende perfectamente nuestro sufrimiento porque Él mismo fue herido por nosotros. Y si Cristo Jesús venció después de padecer, nosotros también podemos avanzar con confianza, sabiendo que las cicatrices no son evidencia de abandono, sino testimonio de que la gracia de Dios nos sostuvo y de que Su propósito sigue produciendo fruto en nuestra vida.
