Sábado 26 Septiembre 2026

Proverbios 7

LECTURA DIARIA

PROVERBIOS 7:1-8, 10, 13-14, 21-27

Hijo mío, guarda mis razones, Y atesora contigo mis mandamientos. Guarda mis mandamientos y vivirás, Y mi ley como las niñas de tus ojos. Lígalos a tus dedos; Escríbelos en la tabla de tu corazón. Di a la sabiduría: Tú eres mi hermana, Y a la inteligencia llama parienta; Para que te guarden de la mujer ajena, Y de la extraña que ablanda sus palabras. Porque mirando yo por la ventana de mi casa, Por mi celosía, Vi entre los simples, Consideré entre los jóvenes, A un joven falto de entendimiento, El cual pasaba por la calle, junto a la esquina, E iba camino a la casa de ella,

Cuando he aquí, una mujer le sale al encuentro, Con atavío de ramera y astuta de corazón.

Se asió de él, y le besó. Con semblante descarado le dijo: Sacrificios de paz había prometido, Hoy he pagado mis votos;

Lo rindió con la suavidad de sus muchas palabras, Le obligó con la zalamería de sus labios. Al punto se marchó tras ella, Como va el buey al degolladero, Y como el necio a las prisiones para ser castigado; Como el ave que se apresura a la red, Y no sabe que es contra su vida, Hasta que la saeta traspasa su corazón. Ahora pues, hijos, oídme, Y estad atentos a las razones de mi boca. No se aparte tu corazón a sus caminos; No yerres en sus veredas. Porque a muchos ha hecho caer heridos, Y aun los más fuertes han sido muertos por ella. Camino al Seol es su casa, Que conduce a las cámaras de la muerte.

Proverbios 7 muestra a un padre enseñando a su hijo que la mejor manera de vencer una desviación es reconocerla antes de que se convierta en una decisión. Comienza diciendo: «Guarda mis palabras… atesora mis mandamientos» , porque aquello que se guarda cerca del corazón se convierte en dirección cuando llegan los momentos de presión. Luego presenta al joven que pasa cerca de la casa de la mujer extraña; no cayó de repente: se acercó, miró, escuchó, permitió la conversación y finalmente siguió el camino que lo llevó a la destrucción. La escena revela que muchas veces el peligro no está solamente en la última decisión, sino en los pequeños pasos que la preceden. La seducción aparece mediante palabras agradables y argumentos que hacen parecer seguro aquello que en realidad desvía; por eso el padre advierte: «No se aparte tu corazón a sus caminos; no yerres en sus veredas». Para el creyente, esto es profundamente práctico: velar significa prestar atención a lo que comienza a ocupar espacio en nuestros pensamientos, reconocer qué ambientes alimentan determinados deseos y tener la sabiduría para alejarnos antes de negociar con aquello que sabemos que puede debilitarnos. No todo lo que atrae conviene, no toda voz merece ser escuchada y no todo camino debe ser explorado. La Palabra guardada en el corazón nos permite discernir antes de actuar; la mente renovada nos ayuda a reconocer el peligro aunque se presente con una apariencia agradable. El Padre amado nos enseña a no esperar la caída para reaccionar, sino a permanecer despiertos mientras todavía podemos escoger otro rumbo. Velar es cuidar el corazón antes de cuidar los pasos; porque cuando el corazón permanece firme en la Palabra, los pies encuentran más fácilmente el camino correcto.

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