Sábado 30 Mayo 2026

Salmos 116

LECTURA DIARIA

SALMOS 116:1-10, 12-13, 15, 17-18

Amo a Jehová, pues ha oído Mi voz y mis súplicas; Porque ha inclinado a mí su oído; Por tanto, le invocaré en todos mis días. Me rodearon ligaduras de muerte, Me encontraron las angustias del Seol; Angustia y dolor había yo hallado. Entonces invoqué el nombre de Jehová, diciendo: Oh Jehová, libra ahora mi alma. Clemente es Jehová, y justo; Sí, misericordioso es nuestro Dios. Jehová guarda a los sencillos; Estaba yo postrado, y me salvó. Vuelve, oh alma mía, a tu reposo, Porque Jehová te ha hecho bien. Pues tú has librado mi alma de la muerte, Mis ojos de lágrimas, Y mis pies de resbalar. Andaré delante de Jehová En la tierra de los vivientes. Creí; por tanto hablé, Estando afligido en gran manera.

¿Qué pagaré a Jehová Por todos sus beneficios para conmigo? Tomaré la copa de la salvación, E invocaré el nombre de Jehová.

Estimada es a los ojos de Jehová La muerte de sus santos.

Te ofreceré sacrificio de alabanza, E invocaré el nombre de Jehová. A Jehová pagaré ahora mis votos Delante de todo su pueblo.

En el Salmo 116 el salmista expresa una gratitud tan profunda que nace después de haber experimentado personalmente la intervención de Dios en medio de la angustia. Desde la perspectiva oriental, cuando habla de que “las ligaduras de la muerte” lo rodearon, no se refiere solamente a peligro físico, sino a una situación que parecía cerrarle todas las salidas, como una cuerda que aprieta cada vez más. Sin embargo, en medio de esa aflicción clamó a Jehová y descubrió que nuestro Padre amado no es indiferente al dolor humano, sino cercano, compasivo y atento al clamor sincero. Entonces surge una pregunta poderosa: “¿Qué pagaré a Jehová por todos sus beneficios para conmigo?”. En la mentalidad hebrea, la respuesta no era intentar devolverle algo a Dios como una deuda, porque Su gracia no puede comprarse; la respuesta era vivir en gratitud, obediencia y fidelidad. Por eso el salmista decide “tomar la copa de la salvación”, una expresión oriental que comunica aceptar conscientemente los beneficios, la protección y el pacto que Dios ofrece. Esto es profundamente práctico hoy, porque muchas personas pasan más tiempo enfocadas en lo que les falta que en recordar las veces que Dios las sostuvo, las consoló, las levantó o las libró. El salmo enseña que quien recuerda continuamente la fidelidad de nuestro Padre amado desarrolla confianza para el presente y esperanza para el futuro.

Velar es mantener viva la memoria de la fidelidad de Dios; estar firmes es seguir confiando aun cuando todavía existan procesos sin resolver; y esforzarse en amor es responder a Su gracia con una vida agradecida que refleje el carácter de Cristo Jesús. Porque un corazón agradecido deja de vivir cautivo de la preocupación y comienza a caminar consciente de que el Dios que fue fiel ayer continúa siendo fiel hoy y lo será también mañana.

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