Sábado 4 Julio 2026
Romanos 4
LECTURA DIARIA


ROMANOS 4:3, 5, 17-22, 24-25
Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia.
mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.
(como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen. Él creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido; por lo cual también su fe le fue contada por justicia.
sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.
Romanos 4 nos lleva al corazón del evangelio al mostrarnos a Abraham como ejemplo de una fe que no se apoya en lo visible, sino en la fidelidad de nuestro Padre amado. Pablo presenta a Abraham no como alguien justificado por sus obras, sino como alguien que creyó a Dios aun cuando su realidad natural era contraria a la promesa: sin fuerzas, sin evidencia y con circunstancias que humanamente cerraban toda posibilidad. En el pensamiento oriental del texto, “ser contado por justicia” no era una idea abstracta, sino una declaración legal y relacional: Dios lo reconocía como alguien alineado con Su voluntad por haber confiado plenamente en Su palabra.
El capítulo también profundiza en cómo la promesa no dependía de la ley, sino de la gracia, porque la ley produce deuda, pero la fe abre el espacio para recibir lo que Dios ya decidió dar. Abraham creyó “contra esperanza”, es decir, sostuvo su confianza aun cuando no había señales externas, mostrando una fe madura que descansa en el carácter de Dios y no en las circunstancias del momento. Esta fe no es pasiva, sino firme, perseverante y obediente, que camina aun cuando no entiende el proceso completo.
Para nosotros, este capítulo nos confronta y nos afirma: no somos aceptados por lo que hacemos, sino por lo que creemos en Cristo Jesús. Mientras aguardamos Su retorno, somos llamados a vivir firmes en santidad, fortalecidos en la gracia y sosteniendo una fe activa que no depende de lo que vemos, sino de lo que nuestro Padre amado ha prometido. Porque la verdadera vida de fe no se apoya en lógica humana, sino en la certeza de un Dios que cumple lo que dice, aun cuando todo parece imposible.
