Sábado 7 Marzo 2026

Salmos 5

LECTURA DIARIA

Salmos 5:1-4, 7-9, 11-12

Escucha, oh Jehová, mis palabras; Considera mi gemir. Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, Porque a ti oraré. Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré. Porque tú no eres un Dios que se complace en la maldad; El malo no habitará junto a ti.

Mas yo por la abundancia de tu misericordia entraré en tu casa; Adoraré hacia tu santo templo en tu temor. Guíame, Jehová, en tu justicia, a causa de mis enemigos; Endereza delante de mí tu camino. Porque en la boca de ellos no hay sinceridad; Sus entrañas son maldad, Sepulcro abierto es su garganta, Con su lengua hablan lisonjas.

Pero alégrense todos los que en ti confían; Den voces de júbilo para siempre, porque tú los defiendes; En ti se regocijen los que aman tu nombre. Porque tú, oh Jehová, bendecirás al justo; Como con un escudo lo rodearás de tu favor.

En Salmos 5, vemos a David acercándose a Dios desde muy temprano, abriendo su corazón como un hijo que necesita la dirección y la presencia de su Padre antes de comenzar el día. En el pensamiento oriental, cuando alguien iba a presentar una petición ante un rey, debía prepararse y colocarse atento esperando respuesta; por eso David dice que en la mañana ordena su oración y se queda vigilante, como quien permanece delante del Señor esperando su guía. Desde esa intimidad reconoce que Dios es santo y que la maldad, el engaño y la lengua destructiva no pueden permanecer en Su presencia; por eso decide caminar con integridad aun cuando otros actúan con falsedad. La imagen del favor de Dios como escudo refleja cómo en la antigüedad el escudo rodeaba y protegía completamente al guerrero en batalla. Así también hoy, cuando comenzamos el día buscando a Dios, velando sobre nuestro corazón y afirmando nuestro camino en Él, encontramos dirección, protección y estabilidad interior. Este salmo nos recuerda que la firmeza espiritual nace en la comunión diaria: quien se acerca temprano al Padre aprende a vivir atento a Su voz, a caminar rectamente en medio de un mundo confuso y a descansar en el favor de Dios que lo rodea y lo sostiene durante todo el día