Sábado 8 Agosto 2026

Salmos 135

LECTURA DIARIA

SALMOS 135:3, 5-6, 13, 15-18, 21

Alabad a JAH, porque él es bueno; Cantad salmos a su nombre, porque él es benigno.

Porque yo sé que Jehová es grande, Y el Señor nuestro, mayor que todos los dioses. Todo lo que Jehová quiere, lo hace, En los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos.

Oh Jehová, eterno es tu nombre; Tu memoria, oh Jehová, de generación en generación.

Los ídolos de las naciones son plata y oro, Obra de manos de hombres. Tienen boca, y no hablan; Tienen ojos, y no ven; Tienen orejas, y no oyen; Tampoco hay aliento en sus bocas. Semejantes a ellos son los que los hacen, Y todos los que en ellos confían.

Desde Sion sea bendecido Jehová, Quien mora en Jerusalén. Aleluya.

Salmo 135 comienza llamando a los siervos de Dios a bendecir Su nombre y a reconocer que Jehová es bueno, recordándonos que la adoración verdadera nace de conocer quién es Dios y no solamente de recibir algo de Él; en el pensamiento oriental, el nombre representaba la identidad, el carácter y la autoridad de una persona, por eso bendecir Su nombre implicaba reconocer públicamente quién es Él y someter la vida a Su carácter. El salmista lleva entonces la mirada desde el lugar donde el creyente se encuentra hasta la grandeza del Dios que gobierna sobre cielos, tierra, mares, nubes, relámpagos y vientos: Aquel que gobierna lo inmenso también tiene autoridad sobre lo pequeño; quien dirige los movimientos de la creación también puede dirigir los pasos de Sus hijos; quien sostiene los cielos no pierde de vista al corazón que confía en Él. Después, el salmo recuerda las obras que Dios realizó a lo largo de la historia, porque la memoria espiritual era fundamental en la mentalidad hebrea: recordar lo que Dios había hecho fortalecía la confianza para enfrentar lo que todavía no había sucedido. Por eso el salmista no construye su fe sobre una emoción momentánea, sino sobre la evidencia de la fidelidad de Dios. Luego presenta uno de los contrastes más fuertes del capítulo al describir los ídolos: tienen boca, pero no hablan; ojos, pero no ven; oídos, pero no oyen. Tienen apariencia de poder, pero carecen de vida; tienen forma, pero no pueden dirigir; parecen capaces de responder, pero permanecen en silencio. Dios, en cambio, habla, ve, escucha, responde y permanece. Este contraste nos lleva a examinarnos con honestidad: ¿qué está ocupando hoy el lugar de nuestra confianza?, ¿qué opinión, temor, circunstancia, seguridad material, deseo de controlar o necesidad de tener respuestas está comenzando a dirigir nuestros pasos? Porque aquello en lo que realmente confiamos termina influyendo en nuestras decisiones, marcando nuestras prioridades y dirigiendo nuestros pasos. Para el Cuerpo de Cristo, esta enseñanza es profundamente práctica: avanzar con constancia no significa simplemente continuar haciendo cosas, sino continuar caminando bajo el gobierno de Dios, aun cuando todavía no se vea todo el recorrido. Agosto nos llama a avanzar paso a paso, y Salmo 135 nos recuerda que podemos hacerlo porque no caminamos detrás de un dios silencioso ni de una idea creada por el hombre, sino delante del Dios vivo que conoce el camino, sostiene a los suyos y permanece fiel. Por eso, antes de tomar una decisión, conviene detenerse y preguntar: ¿estoy avanzando porque Dios me está guiando o porque tengo prisa por llegar?; ¿estoy esperando con confianza o intentando controlar aquello que todavía no puedo resolver?; ¿mi manera de actuar demuestra que realmente confío en el Dios que digo adorar? La respuesta no se encuentra solamente en lo que decimos en la congregación, sino en aquello que hacemos cuando nadie nos observa. Mientras corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, y permanezcamos velando, firmes en la fe, esforzándonos y haciendo todas las cosas con amor, que el Cuerpo de Cristo no permita que las voces del mundo marquen su ritmo ni que las circunstancias determinen su dirección. Recordemos lo que Dios ya hizo, reconozcamos quién Él es, apartemos del corazón aquello que pretende ocupar Su lugar y demos el siguiente paso con obediencia. Porque la constancia cristiana no consiste en avanzar a cualquier precio, sino en avanzar con Dios, en Su dirección y a Su tiempo; y cuando aprendemos a confiar en Aquel que gobierna los cielos, podemos caminar con serenidad, servir con amor, esperar sin desmayar y permanecer firmes hasta el glorioso retorno de nuestro Señor Jesucristo

Contáctanos

contactanos@palabra-online.com

Quiero recibir novedades

Palabra Online 2025