Viernes 05 Diciembre 2025
Daniel 5 - 7; 2 Pedro 3
LECTURA DIARIA
2 Pedro 3:1-3, 5, 8-11, 13-14, 18
Amados, esta es la segunda carta que os escribo, y en ambas despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento, para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles; sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias,
Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste,
Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir,
Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia ser hallados por él sin mancha e irreprensibles, en paz.
Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.
"2 Pedro 3 confronta al creyente a vivir despierto en un mundo que se burla de las promesas de Dios. Mientras otros se adormecen en la rutina y llaman “normal” lo que desvía, el creyente entiende que la paciencia del Señor es gracia que invita a preparar el corazón. Por eso, el creyente con mente renovada no pierde el enfoque ni se mezcla con la confusión del sistema; permanece firme, disciplinado, sobrio y con convicción, sabiendo que lo que viene no es destrucción para él, sino un nuevo comienzo en Cristo. Este capítulo revela que la verdadera madurez no es emoción, sino postura: un creyente que piensa y pone la mira en las cosas de arriba, actúa con carácter en la tierra y espera con una esperanza viva que nada ni nadie puede apagar."


