Viernes 10 Abril 2026

Marcos 14

LECTURA DIARIA

Marcos 14:3-8, 10, 18, 20, 22-24, 32-36, 38

Pero estando él en Betania, en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio; y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza. Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume? Porque podía haberse vendido por más de trescientos denarios, y haberse dado a los pobres. Y murmuraban contra ella. Pero Jesús dijo: Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho. Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me tendréis. Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura.

Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los principales sacerdotes para entregárselo.

Y cuando se sentaron a la mesa, mientras comían, dijo Jesús: De cierto os digo que uno de vosotros, que come conmigo, me va a entregar.

Él, respondiendo, les dijo: Es uno de los doce, el que moja conmigo en el plato.

Y mientras comían, Jesús tomó pan y bendijo, y lo partió y les dio, diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos. Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada.

Vinieron, pues, a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que yo oro. Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse. Y les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad. Yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora. Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú.

Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.

En Marcos 14 vemos uno de los momentos más intensos en la vida de Jesucristo: amor, entrega, prueba y firmeza llevados al máximo nivel. El capítulo inicia con la mujer que derrama el perfume; en la mentalidad oriental, ungir con perfume costoso era un acto de honra profunda y entrega total, no algo superficial. Mientras algunos lo ven como desperdicio, Jesús lo recibe como adoración genuina. Luego vemos la traición de Judas, recordándonos que no todos los que están cerca permanecen firmes. En la última cena, Jesús establece un nuevo pacto, mostrando que Su entrega no era improvisada, sino parte del propósito redentor.

Más adelante, en Getsemaní, vemos a Jesús orando con intensidad; en esa cultura, postrarse y clamar reflejaba rendición total. Él expresa Su sentir, pero se afirma en obediencia: “no lo que yo quiero, sino lo que tú”. Mientras tanto, los discípulos duermen; aquí el “velar” toma un sentido práctico: mantenerse espiritualmente atentos en momentos decisivos. Luego viene el arresto, el abandono de los discípulos y la negación de Pedro. Todo parece debilidad humana, pero en medio de todo, Jesús permanece firme, sin desviarse del propósito.

Este capítulo nos enseña que la verdadera firmeza se revela en la prueba: amar cuando cuesta, obedecer cuando duele y permanecer cuando todo sacude. Vivir firmes no es solo en lo fácil, sino en esos momentos donde se define si caminamos en la voluntad de nuestro Padre amado o en nuestras emociones. Cuando permanecemos así, rendidos y constantes, reflejamos a Cristo Jesús y caminamos en el propósito que Dios ya estableció.