Viernes 10 Julio 2026

Romanos 7

LECTURA DIARIA

ROMANOS 7:4, 12, 18, 22, 24-25

Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios.

De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.

Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.

Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios;

¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.

Romanos 7 nos enseña que conocer la voluntad de Dios no es lo mismo que tener la capacidad de vivirla por nuestras propias fuerzas. Pablo explica que la ley es santa, justa y buena, porque revela el carácter de Dios y pone en evidencia aquello que hay en el corazón humano. En el pensamiento oriental, un espejo no limpiaba a quien se miraba en él; solo mostraba la realidad. De la misma manera, la ley no podía transformar al ser humano, sino revelar su necesidad de la gracia de Dios. El conflicto que Pablo describe no pretende llevarnos al desánimo, sino hacernos comprender que la verdadera victoria no nace del esfuerzo humano, sino de la dependencia de Dios.

La santidad no consiste en luchar solos contra el pecado, sino en permanecer cerca de nuestro Padre amado, quien fortalece y transforma nuestra vida. Mientras aguardamos el retorno de Cristo Jesús, permanezcamos firmes en santidad, fortalecidos en la gracia y confiando cada día en la obra que Dios sigue realizando en nosotros. Porque quien reconoce su necesidad de Dios deja de apoyarse en sus propias fuerzas y aprende a caminar con humildad, esperanza y una confianza cada vez mayor en Cristo Jesús.

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