Viernes 11 Septiembre 2026
Deuteronomio 14 y 15
LECTURA DIARIA


DEUTERONOMIO 14:2, 23, 29
Porque eres pueblo santo a Jehová tu Dios, y Jehová te ha escogido para que le seas un pueblo único de entre todos los pueblos que están sobre la tierra.
Y comerás delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere para poner allí su nombre, el diezmo de tu grano, de tu vino y de tu aceite, y las primicias de tus manadas y de tus ganados, para que aprendas a temer a Jehová tu Dios todos los días.
Y vendrá el levita, que no tiene parte ni heredad contigo, y el extranjero, el huérfano y la viuda que hubiere en tus poblaciones, y comerán y serán saciados; para que Jehová tu Dios te bendiga en toda obra que tus manos hicieren.
DEUTERONOMIO 15:1, 3-5, 7-8, 10-11, 15
Cada siete años harás remisión.
Del extranjero demandarás el reintegro; pero lo que tu hermano tuviere tuyo, lo perdonará tu mano, para que así no haya en medio de ti mendigo; porque Jehová te bendecirá con abundancia en la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad para que la tomes en posesión, si escuchares fielmente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y cumplir todos estos mandamientos que yo te ordeno hoy.
Cuando haya en medio de ti menesteroso de alguno de tus hermanos en alguna de tus ciudades, en la tierra que Jehová tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu hermano pobre, sino abrirás a él tu mano liberalmente, y en efecto le prestarás lo que necesite.
Sin falta le darás, y no serás de mezquino corazón cuando le des; porque por ello te bendecirá Jehová tu Dios en todos tus hechos, y en todo lo que emprendas. Porque no faltarán menesterosos en medio de la tierra; por eso yo te mando, diciendo: Abrirás tu mano a tu hermano, al pobre y al menesteroso en tu tierra.
Y te acordarás de que fuiste siervo en la tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te rescató; por tanto yo te mando esto hoy.
Deuteronomio 14 y 15 muestran a un Padre amado formando un pueblo que no solamente debía saber que le pertenecía, sino vivir de acuerdo con esa identidad. “Porque eres pueblo santo a Jehová tu Dios” establece la base: lo que Dios ha hecho en ellos debía reflejarse en sus decisiones, en lo que consumían, en cómo administraban sus recursos y, especialmente, en cómo trataban al necesitado. El diezmo les enseñaba a reconocer que la provisión tenía una fuente mayor que sus propias manos, y que podían disfrutar delante de Dios con gratitud de aquello que Él les había dado. Pero el capítulo 15 lleva el asunto al corazón: cada siete años debían liberar deudas y abrir la mano al hermano necesitado. Dios sabía que el peligro no estaba solamente en tener recursos, sino en permitir que la abundancia endureciera el corazón: “No endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano a tu hermano pobre” . La mano abierta era evidencia de un corazón sensible; y esa sensibilidad nacía de recordar que ellos mismos habían sido esclavos y que Dios los había redimido. Así, estos capítulos enseñan una hermosa secuencia: Dios da, el creyente reconoce, administra con gratitud, ve la necesidad, abre su mano, permanece en amor. La verdadera firmeza espiritual también se revela en aquello que hacemos cuando tenemos algo que compartir, cuando alguien necesita ayuda y cuando nadie nos obliga a hacerlo. Velar, entonces, incluye vigilar que la prosperidad, las preocupaciones o el deseo de conservar no apaguen nuestra sensibilidad; permanecer firmes en la Palabra significa mantener el corazón abierto, reconocer al Padre como nuestra fuente y permitir que Su amor se exprese en acciones concretas hacia el Cuerpo de Cristo y hacia quienes nos rodean, mientras seguimos avanzando fielmente hacia el retorno de nuestro Señor Jesucristo.
