Viernes 13 Marzo 2026
Marcos 2
LECTURA DIARIA


Marcos 2:1, 3-5, 10-12, 17, 21-22, 27-28
Entró Jesús otra vez en Capernaum después de algunos días; y se oyó que estaba en casa.
Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.
Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. Entonces él se levantó en seguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa.
Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.
Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera, el mismo remiendo nuevo tira de lo viejo, y se hace peor la rotura. Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.
También les dijo: El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo. Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo.
En Evangelio de Marcos 2 vemos cómo Jesucristo revela el corazón cercano y restaurador de nuestro Padre amado. Cuatro hombres llevan a un paralítico hasta la casa donde estaba Jesús; pero al ver que la multitud impedía el paso, suben al techo y lo abren para bajarlo delante de Él. En las casas del mundo oriental los techos eran planos, hechos con vigas y barro prensado, por lo que podían abrirse desde arriba; este gesto muestra una fe decidida que no se rinde ante los obstáculos. Al verlo, Cristo Jesús primero perdona los pecados del hombre y luego sana su cuerpo, enseñando que el mayor milagro comienza en el corazón. Más adelante llama a Leví (Mateo), un cobrador de impuestos despreciado por la sociedad, y lo invita a seguirle, recordándonos que el Padre busca restaurar vidas, no solo a los que parecen correctos. Luego explica que no se pone vino nuevo en odres viejos, una imagen conocida en la cultura hebrea donde los odres eran bolsas de cuero usadas para guardar vino; el vino nuevo necesitaba odres nuevos para poder expandirse. Con esto enseña que la vida con Dios no es una religión rígida, sino una transformación interior. Finalmente declara que el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo, mostrando que el descanso verdadero no está en cumplir reglas externas, sino en vivir en relación con el Padre. Este capítulo nos recuerda que una fe firme se acerca a Jesucristo con determinación, abre espacio para lo nuevo que Dios quiere hacer y aprende a caminar en libertad, amor y restauración, confiando en que nuestro Padre siempre está dispuesto a levantar al que viene a Él con un corazón sincero.
