Viernes 16 Octubre 2026
Josué 22
LECTURA DIARIA


JOSUÉ 22:1-2, 4-5, 10, 12, 16, 21, 24-27, 29-31
Entonces Josué llamó a los rubenitas, a los gaditas, y a la media tribu de Manasés, y les dijo: Vosotros habéis guardado todo lo que Moisés siervo de Jehová os mandó, y habéis obedecido a mi voz en todo lo que os he mandado.
Ahora, pues, que Jehová vuestro Dios ha dado reposo a vuestros hermanos, como lo había prometido, volved, regresad a vuestras tiendas, a la tierra de vuestras posesiones, que Moisés siervo de Jehová os dio al otro lado del Jordán. Solamente que con diligencia cuidéis de cumplir el mandamiento y la ley que Moisés siervo de Jehová os ordenó: que améis a Jehová vuestro Dios, y andéis en todos sus caminos; que guardéis sus mandamientos, y le sigáis a él, y le sirváis de todo vuestro corazón y de toda vuestra alma.
Y llegando a los límites del Jordán que está en la tierra de Canaán, los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la media tribu de Manasés edificaron allí un altar junto al Jordán, un altar de grande apariencia.
Cuando oyeron esto los hijos de Israel, se juntó toda la congregación de los hijos de Israel en Silo, para subir a pelear contra ellos.
Toda la congregación de Jehová dice así: ¿Qué transgresión es esta con que prevaricáis contra el Dios de Israel para apartaros hoy de seguir a Jehová, edificándoos altar para ser rebeldes contra Jehová?
Entonces los hijos de Rubén y los hijos de Gad y la media tribu de Manasés respondieron y dijeron a los cabezas de los millares de Israel:
Lo hicimos más bien por temor de que mañana vuestros hijos digan a nuestros hijos: ¿Qué tenéis vosotros con Jehová Dios de Israel? Jehová ha puesto por lindero el Jordán entre nosotros y vosotros, oh hijos de Rubén e hijos de Gad; no tenéis vosotros parte en Jehová; y así vuestros hijos harían que nuestros hijos dejasen de temer a Jehová. Por esto dijimos: Edifiquemos ahora un altar, no para holocausto ni para sacrificio, sino para que sea un testimonio entre nosotros y vosotros, y entre los que vendrán después de nosotros, de que podemos hacer el servicio de Jehová delante de él con nuestros holocaustos, con nuestros sacrificios y con nuestras ofrendas de paz; y no digan mañana vuestros hijos a los nuestros: Vosotros no tenéis parte en Jehová.
Nunca tal acontezca que nos rebelemos contra Jehová, o que nos apartemos hoy de seguir a Jehová, edificando altar para holocaustos, para ofrenda o para sacrificio, además del altar de Jehová nuestro Dios que está delante de su tabernáculo. Oyendo Finees el sacerdote y los príncipes de la congregación, y los jefes de los millares de Israel que con él estaban, las palabras que hablaron los hijos de Rubén y los hijos de Gad y los hijos de Manasés, les pareció bien todo ello. Y dijo Finees hijo del sacerdote Eleazar a los hijos de Rubén, a los hijos de Gad y a los hijos de Manasés: Hoy hemos entendido que Jehová está entre nosotros, pues que no habéis intentado esta traición contra Jehová. Ahora habéis librado a los hijos de Israel de la mano de Jehová.
Josué 22 nos presenta una situación en la que el celo por Dios pudo terminar enfrentando a un pueblo contra sus propios hermanos. Las tribus de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés habían cumplido fielmente su compromiso de ayudar a Israel a conquistar la tierra; ahora Josué las enviaba de regreso a sus familias, recordándoles que amaran a Jehová, anduvieran en Sus caminos y guardaran Sus mandamiento. Pero al llegar al Jordán construyeron un altar grande y visible. Cuando las demás tribus se enteraron, interpretaron el hecho como una rebelión contra Dios y se prepararon para luchar. Su preocupación tenía un fundamento serio: Israel debía proteger la fidelidad a Jehová. Sin embargo, antes de combatir, enviaron una delegación encabezada por Finees para aclarar lo ocurrido. Las tribus explicaron que el altar no era para ofrecer sacrificios, sino para servir como testimonio a las generaciones futuras de que ellos también pertenecían al pueblo de Dios y compartían la misma fe. Entonces Finees y los representantes escucharon, comprendieron la intención y regresaron en paz. ¡Qué enseñanza tan profunda! La intención de defender la verdad no nos exime de la responsabilidad de comprobar los hechos. En ocasiones, una información incompleta, una interpretación apresurada o una conversación mal entendida pueden convertir una diferencia en una división. Velar también significa vigilar nuestros pensamientos, frenar la lengua y no permitir que las sospechas gobiernen nuestras decisiones. Nuestro Padre amado nos enseña a ser firmes en la verdad sin endurecer el corazón, a corregir cuando corresponde y a escuchar con humildad cuando todavía no comprendemos toda la situación. En el Cuerpo de Cristo, la unidad no se protege ocultando la verdad, sino tratándola con justicia, sabiduría y amor. Antes de reaccionar, preguntemos; antes de acusar, escuchemos; y cuando la verdad se aclare, tengamos la humildad de reconocerlo. Así permanecemos atentos, firmes en la fe y llenos de amor, aguardando el retorno de nuestro Señor Jesucristo.
