Viernes 17 Abril 2026
Hechos 1
LECTURA DIARIA


HECHOS 1:3-4, 6-11, 14, 24, 26
a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios. Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí.
Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.
Todos estos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.
Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has escogido,
Y les echaron suertes, y la suerte cayó sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles.
Al meditar en Hechos 1, vemos un momento clave: después de la resurrección, Cristo Jesús se presenta a sus discípulos y les da instrucciones claras antes de ascender. No los deja sin dirección, les habla del Reino y les promete la venida del Espíritu Santo. Aquí hay una enseñanza poderosa: Dios no envía sin antes preparar y dar dirección.
Cuando les dice que esperen en Jerusalén, esto tiene un sentido muy práctico en ese contexto. Jerusalén no era el lugar más cómodo ni seguro, pero era el lugar donde debían permanecer. Esperar allí no era perder el tiempo, era prepararse en obediencia. Esto nos enseña que esperar en Dios no es pasividad, es una espera activa, confiando en Su tiempo perfecto.
También cuando los discípulos preguntan si restaurará el reino en ese tiempo, muestran una expectativa natural. Pero Cristo Jesús los enfoca: no se trata de saber tiempos, sino de recibir poder para cumplir el propósito. En ese tiempo, hablar de “recibir poder” no era algo simbólico solamente; era ser capacitados para vivir y testificar con valentía en medio de oposición. Y cuando Él asciende, los discípulos se quedan mirando al cielo. Entonces aparecen dos varones que les dicen, en esencia: no se queden mirando, Él va a volver, pero ahora les toca avanzar. Eso es clave. No es quedarse en el momento espiritual bonito, es pasar a la acción.
Como iglesia, este capítulo nos enseña:
👉🏾*Esperar en Dios con propósito y obediencia.*
👉🏾*No enfocarnos en el “cuándo”, sino en el “para qué”.*
👉🏾 Entender que Dios nos capacita para lo que nos llama.
👉🏾*No quedarnos detenidos, sino avanzar en lo que Él ya nos dijo.*
Obedecer es una respuesta de amor, y esforzarnos en amor es permanecer, esperar, y luego avanzar cuando Dios lo indica, aunque no tengamos todos los detalles claros.
No se trata de saber todos los tiempos ni de tener todo resuelto. Se trata de obedecer lo que ya Dios habló. Si Él dijo “espera”, se espera. Si Él dice “avanza”, se avanza. Pero en ambos casos, se hace con un corazón dispuesto. Sigamos firmes, preparados y en movimiento, porque nuestro Padre amado no solo promete, también capacita y cumple.
