Viernes 18 Septiembre 2026
Deuteronomio 23 y 24
LECTURA DIARIA


DEUTERONOMIO 23:14-16, 21, 23-25
porque Jehová tu Dios anda en medio de tu campamento, para librarte y para entregar a tus enemigos delante de ti; por tanto, tu campamento ha de ser santo, para que él no vea en ti cosa inmunda, y se vuelva de en pos de ti. No entregarás a su señor el siervo que se huyere a ti de su amo. Morará contigo, en medio de ti, en el lugar que escogiere en alguna de tus ciudades, donde a bien tuviere; no le oprimirás.
Cuando haces voto a Jehová tu Dios, no tardes en pagarlo; porque ciertamente lo demandará Jehová tu Dios de ti, y sería pecado en ti.
Pero lo que hubiere salido de tus labios, lo guardarás y lo cumplirás, conforme lo prometiste a Jehová tu Dios, pagando la ofrenda voluntaria que prometiste con tu boca. Cuando entres en la viña de tu prójimo, podrás comer uvas hasta saciarte; mas no pondrás en tu cesto. Cuando entres en la mies de tu prójimo, podrás arrancar espigas con tu mano; mas no aplicarás hoz a la mies de tu prójimo.
DEUTERONOMIO 24:14-15, 17-19, 22
No oprimirás al jornalero pobre y menesteroso, ya sea de tus hermanos o de los extranjeros que habitan en tu tierra dentro de tus ciudades. En su día le darás su jornal, y no se pondrá el sol sin dárselo; pues es pobre, y con él sustenta su vida; para que no clame contra ti a Jehová, y sea en ti pecado.
No torcerás el derecho del extranjero ni del huérfano, ni tomarás en prenda la ropa de la viuda, sino que te acordarás que fuiste siervo en Egipto, y que de allí te rescató Jehová tu Dios; por tanto, yo te mando que hagas esto. Cuando siegues tu mies en tu campo, y olvides alguna gavilla en el campo, no volverás para recogerla; será para el extranjero, para el huérfano y para la viuda; para que te bendiga Jehová tu Dios en toda obra de tus manos.
Y acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto; por tanto, yo te mando que hagas esto.
Deuteronomio 23 y 24 muestran a un Padre amado que enseñaba a Su pueblo que caminar con Él implicaba vivir con limpieza de corazón, responsabilidad y consideración hacia los demás. La santidad no debía quedarse en el lugar de adoración, sino reflejarse en el campamento, en el trabajo, en la familia, en la manera de hablar y en el trato hacia quienes atravesaban necesidad. Por eso, Dios establecía principios para proteger al extranjero, al siervo, al pobre, al trabajador, al huérfano y a la viuda, recordándole a Israel que la bendición recibida nunca debía convertirse en indiferencia. También les enseñaba a cumplir sus palabras y a no aprovecharse de la confianza ajena. Al recordar que ellos mismos habían sido esclavos en Egipto, debían aprender a mirar al necesitado con compasión y no desde la superioridad. Hoy, esta Palabra nos invita a revisar cómo estamos viviendo: ¿somos cuidadosos con nuestras palabras?, ¿cumplimos lo que prometemos?, ¿respetamos el tiempo y el esfuerzo de los demás?, ¿notamos al que necesita ayuda o estamos demasiado ocupados con nuestros propios asuntos? Velar también significa prestar atención a esas pequeñas decisiones que revelan lo que hay en el corazón. El Padre amado desea que Su pueblo sea reconocido no solamente por lo que cree, sino por la manera justa, íntegra y amorosa en que trata a los demás. Así aprendemos a permanecer firmes en Su Palabra, haciendo del amor una práctica diaria mientras aguardamos fielmente el retorno de Cristo Jesús.
