Viernes 20 Febrero 2026
Mateo 21
LECTURA DIARIA
Mateo 21:5, 13-15, 19, 21-22, 28-29, 42
Decid a la hija de Sion: He aquí, tu Rey viene a ti, Manso, y sentado sobre una asna, Sobre un pollino, hijo de animal de carga.
y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. Y vinieron a él en el templo ciegos y cojos, y los sanó. Pero los principales sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y a los muchachos aclamando en el templo y diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! se indignaron,
Y viendo una higuera cerca del camino, vino a ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera.
Respondiendo Jesús, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fe, y no dudareis, no solo haréis esto de la higuera, sino que si a este monte dijereis: Quítate y échate en el mar, será hecho. Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.
Pero ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue.
Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, Ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, Y es cosa maravillosa a nuestros ojos
Mateo 21, Cristo Jesús entra en Jerusalén mostrando que la verdadera autoridad se manifiesta en humildad y dominio propio, no en espectáculo; el pueblo lo celebra, pero Él sabe que la fidelidad no se mide por emociones momentáneas sino por constancia cuando la presión aumenta. Al limpiar el templo, establece que no se puede vivir una fe descuidada ni permitir mezclas en el corazón; la vida espiritual requiere vigilancia real. La higuera seca advierte que no basta aparentar fruto, es necesario producirlo; y las parábolas enseñan que el Padre espera obediencia práctica, no solo declaraciones. Este capítulo nos impulsa a mantenernos despiertos espiritualmente, firmes en la fe sin fluctuar por la opinión de otros, maduros en carácter y constantes en amor, entendiendo que la coherencia diaria y la obediencia perseverante son las que sostienen una vida que honra verdaderamente a Dios


