Viernes 23 Octubre 2026
Jueces 5
LECTURA DIARIA


JUECES 5:2-3, 7, 9, 23, 28-31
Por haberse puesto al frente los caudillos en Israel, Por haberse ofrecido voluntariamente el pueblo, Load a Jehová. Oíd, reyes; escuchad, oh príncipes; Yo cantaré a Jehová, Cantaré salmos a Jehová, el Dios de Israel.
Las aldeas quedaron abandonadas en Israel, habían decaído, Hasta que yo Débora me levanté, Me levanté como madre en Israel.
Mi corazón es para vosotros, jefes de Israel, Para los que voluntariamente os ofrecisteis entre el pueblo. Load a Jehová.
Maldecid a Meroz, dijo el ángel de Jehová; Maldecid severamente a sus moradores, Porque no vinieron al socorro de Jehová, Al socorro de Jehová contra los fuertes.
La madre de Sísara se asoma a la ventana, Y por entre las celosías a voces dice: ¿Por qué tarda su carro en venir? ¿Por qué las ruedas de sus carros se detienen? Las más avisadas de sus damas le respondían, Y aun ella se respondía a sí misma: ¿No han hallado botín, y lo están repartiendo? A cada uno una doncella, o dos; Las vestiduras de colores para Sísara, Las vestiduras bordadas de colores; La ropa de color bordada de ambos lados, para los jefes de los que tomaron el botín. Así perezcan todos tus enemigos, oh Jehová; Mas los que te aman, sean como el sol cuando sale en su fuerza. Y la tierra reposó cuarenta años.
Débora y Barac elevaron un hermoso cántico de gratitud a Jehová, celebrando la victoria y recordando Sus obras para que las siguientes generaciones no olvidaran quién había peleado por Su pueblo. En este cántico encontramos contrastes que nos invitan a mirar nuestro propio corazón: mientras algunos se ofrecieron voluntariamente para luchar, otros permanecieron al margen; Jael actuó con determinación frente a Sísara, el enemigo derrotado; y la madre de Sísara esperaba orgullosa el regreso de su hijo, sin imaginar que la realidad era muy distinta de lo que suponía. ¡Cuánto nos enseña esto! No siempre las apariencias revelan lo que verdaderamente está ocurriendo, y nuestras decisiones terminan mostrando dónde están depositados nuestro amor y nuestra confianza. Pero hay una imagen que llena de esperanza este capítulo: «Mas los que te aman, sean como el sol cuando sale en su fuerza». ¡Qué hermoso es pensar en ello! El sol se levanta, disipa la oscuridad y hace visible su luz; de igual manera, nuestro Padre amado desea que el amor que le tenemos se refleje en nuestra manera de vivir, en la obediencia, en la valentía para hacer lo correcto y en el amor con que tratamos a los demás. No tenemos que ser iguales ni cumplir todos la misma función, pero sí podemos ofrecerle un corazón dispuesto, que no se esconda detrás del temor, la comodidad o la indiferencia. Velar es reconocer cuándo debemos levantarnos; permanecer firmes es seguir obedeciendo con fe y amor.Que nuestro Padre amado encuentre en nosotros corazones agradecidos y dispuestos, creyentes cuya luz no se apague ante las dificultades, sino que siga brillando con la fuerza de quienes le aman, mientras esperamos con esperanza el retorno de nuestro Señor Jesucristo.
