Viernes 24 Julio 2026
Romanos 13
LECTURA DIARIA


ROMANOS 13:1, 5, 7-14
Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.
Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia.
Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra. No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor. Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne.
Romanos 13 nos muestra que una vida transformada por la gracia no se demuestra únicamente en la iglesia, sino especialmente en la manera en que vivimos cada día delante de Dios y de las personas. Después de hablar en Romanos 12 de un corazón renovado, Pablo ahora enseña cómo esa transformación debe reflejarse en la sociedad. En el pensamiento oriental, la autoridad era entendida como parte del orden que permitía la estabilidad de una comunidad; por eso, respetarla no significaba idolatrarla, sino reconocer que Dios es un Dios de orden y que, mientras la autoridad no se oponga a Su voluntad, el creyente debe conducirse con integridad, respeto y una conciencia limpia. Luego Pablo afirma que el amor es el cumplimiento de la Ley, porque quien ama verdaderamente no busca únicamente evitar el mal, sino procurar activamente el bien del otro. Para un judío, esta afirmación era impactante: después de siglos de mandamientos, Pablo revela que todos encuentran su plenitud cuando el corazón ha sido transformado por el amor de Dios. Finalmente, el apóstol utiliza una imagen profundamente conocida en el mundo oriental: despertar del sueño, quitarse las vestiduras de la noche y vestirse para un nuevo día. En aquella cultura, la ropa identificaba la condición, la dignidad y hasta la función de una persona; cambiar de vestidura significaba asumir una nueva identidad. Por eso, "vestíos del Señor Jesucristo" no habla de aparentar ser cristianos, sino de permitir que el carácter de Cristo cubra cada área de nuestra vida, de manera que nuestras palabras, decisiones y reacciones reflejen Su presencia.
Cada amanecer nos acerca un día más al glorioso retorno de nuestro Señor Jesucristo, por lo que no podemos vivir espiritualmente dormidos, reaccionando como el mundo o guiados por nuestros impulsos. Mientras aguardamos fielmente Su regreso, permanezcamos firmes en santidad, fortalecidos en la gracia y caminemos como hijos de la luz, recordando que La Palabra de Dios no solo cambia nuestro destino eterno, sino también nuestra manera de tratar a los demás, de responder a la autoridad, de amar al prójimo y de enfrentar cada circunstancia. Porque una persona revestida de Jesucristo se convierte en un reflejo visible del amor, la justicia y la esperanza de nuestro Padre amado en un mundo que desesperadamente necesita conocerlo.
