Viernes 27 Marzo 2026

Marcos 8

LECTURA DIARIA

Marcos 8:1-2, 6-8, 11-12, 15-17, 22-25, 27, 29, 34-36

En aquellos días, como había una gran multitud, y no tenían qué comer, Jesús llamó a sus discípulos, y les dijo: Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer;

Entonces mandó a la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, los partió, y dio a sus discípulos para que los pusiesen delante; y los pusieron delante de la multitud. Tenían también unos pocos pececillos; y los bendijo, y mandó que también los pusiesen delante. Y comieron, y se saciaron; y recogieron de los pedazos que habían sobrado, siete canastas.

Vinieron entonces los fariseos y comenzaron a discutir con él, pidiéndole señal del cielo, para tentarle. Y gimiendo en su espíritu, dijo: ¿Por qué pide señal esta generación? De cierto os digo que no se dará señal a esta generación.

Y él les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes. Y discutían entre sí, diciendo: Es porque no trajimos pan. Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Qué discutís, porque no tenéis pan? ¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón?

Vino luego a Betsaida; y le trajeron un ciego, y le rogaron que le tocase. Entonces, tomando la mano del ciego, le sacó fuera de la aldea; y escupiendo en sus ojos, le puso las manos encima, y le preguntó si veía algo. Él, mirando, dijo: Veo los hombres como árboles, pero los veo que andan. Luego le puso otra vez las manos sobre los ojos, y le hizo que mirase; y fue restablecido, y vio de lejos y claramente a todos.

Salieron Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo?

Entonces él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Respondiendo Pedro, le dijo: Tú eres el Cristo.

Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará. Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?

En Marcos 8 vemos a Jesucristo formando a sus discípulos en una fe más madura y firme. Primero, multiplica los panes otra vez, mostrando que nuestro Padre amado no solo provee una vez, sino continuamente; en la cultura oriental, compartir el pan representaba provisión, comunión y cuidado divino. Luego, los fariseos piden señal, evidenciando un corazón endurecido que busca pruebas en vez de creer. Jesús advierte sobre la “levadura”, que en ese contexto simbolizaba influencia: pequeñas cosas que contaminan todo el corazón. Más adelante, sana a un ciego en dos etapas, algo muy significativo: en la mentalidad hebrea, los procesos progresivos eran parte natural del obrar de Dios; no todo es inmediato, también hay crecimiento.

Finalmente, cuando pregunta quién dicen que es Él, Pedro declara que es el Cristo, pero luego Jesús enseña que seguirle implica negarse a uno mismo; en esa cultura, tomar la cruz no era simbólico, era una decisión radical de rendición total.

Este capítulo nos enseña que una vida firme no solo recibe milagros, sino que discierne, crece en procesos y se rinde completamente a Cristo Jesús. Permanecer firmes implica cuidar lo que dejamos entrar en nuestro corazón, confiar en Dios aun cuando el proceso no sea inmediato y decidir cada día vivir no para nosotros, sino alineados a Su voluntad.