Viernes 3 Abril 2026
Marcos 11
LECTURA DIARIA


Marcos 11:9-10, 13-15, 17, 22-25
Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas!
Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos. Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos. Vinieron, pues, a Jerusalén; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas;
Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.
Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá. Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas.
En este capítulo vemos a Cristo Jesús entrando a Jerusalén de una manera sencilla, montado en un pollino, mostrando que el Reino no se trata de apariencia ni grandeza humana, sino de humildad; la gente extendía mantos en el camino, lo cual en ese tiempo era una forma de honor y reconocimiento, como diciendo “te damos nuestro lugar”, pero luego vemos la higuera sin fruto, que aunque tenía hojas aparentando vida, no tenía lo que debía tener, enseñándonos que nuestro Padre amado no busca apariencia, sino fruto real; más adelante, Cristo Jesús limpia el templo porque lo habían convertido en un lugar incorrecto, cuando debía ser un espacio de oración, mostrando que hay cosas que deben ser ordenadas con firmeza; y finalmente, enseña sobre la fe, recordando que cuando creemos y oramos, confiando en papá, las cosas se mueven, pero también deja claro que debemos perdonar, porque no se puede caminar en fe con un corazón cargado.
Este capítulo nos llama a esforzarnos en amor de forma muy práctica: vivir en humildad, no aparentar sino dar fruto verdadero, cuidar nuestro corazón como un lugar limpio para Dios, orar con fe creyendo de verdad y perdonar aunque cueste. Es un llamado a alinear nuestra vida por dentro y por fuera, avanzando con obediencia y amor, sabiendo que nuestro Padre amado está atento a un corazón sincero que decide vivir para Él.
