Viernes 4 Septiembre 2026

Deuteronomio 5 y 6

LECTURA DIARIA

DEUTERONOMIO 5:1, 29, 32-33

Llamó Moisés a todo Israel y les dijo: Oye, Israel, los estatutos y decretos que yo pronuncio hoy en vuestros oídos; aprendedlos, y guardadlos, para ponerlos por obra.

¡Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre!

Mirad, pues, que hagáis como Jehová vuestro Dios os ha mandado; no os apartéis a diestra ni a siniestra. Andad en todo el camino que Jehová vuestro Dios os ha mandado, para que viváis y os vaya bien, y tengáis largos días en la tierra que habéis de poseer.

DEUTERONOMIO 6:2, 4-9, 12, 17-18, 24

para que temas a Jehová tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te mando, tú, tu hijo, y el hijo de tu hijo, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados.

Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas.

cuídate de no olvidarte de Jehová, que te sacó de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre.

Guardad cuidadosamente los mandamientos de Jehová vuestro Dios, y sus testimonios y sus estatutos que te ha mandado. Y haz lo recto y bueno ante los ojos de Jehová, para que te vaya bien, y entres y poseas la buena tierra que Jehová juró a tus padres;

Y nos mandó Jehová que cumplamos todos estos estatutos, y que temamos a Jehová nuestro Dios, para que nos vaya bien todos los días, y para que nos conserve la vida, como hasta hoy.

Deuteronomio 5 y 6 muestran que Dios no estaba simplemente entregando normas a Israel, sino formando un pueblo que aprendiera a vivir en una relación constante con Él, recordando que la obediencia nace de haber sido alcanzados primero por Su amor y Su fidelidad. Moisés vuelve a presentar los mandamientos y comienza con una frase significativa: “Oye, Israel”; en el mundo hebreo, escuchar implicaba mucho más que percibir palabras, significaba recibirlas con atención y responder con la conducta, de manera que oír y obedecer caminaban juntos. Antes de recordar lo que debían hacer, Moisés les recuerda quién es Dios y todo lo que ya había hecho por ellos: los sacó de Egipto, los libró de la esclavitud y estableció un pacto con ellos; por eso la obediencia no debía convertirse en una carga fría, sino en la respuesta de un pueblo que sabía quién lo había rescatado. El capítulo 6 lleva esta verdad todavía más profundo: “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas”. El corazón, el alma y las fuerzas representan la totalidad de la persona; Dios no buscaba una parte de Israel, sino una vida entera orientada hacia Él. Y esa Palabra debía permanecer tan cerca que pudieran hablar de ella “estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes”: la fe no quedaba encerrada en un momento religioso, sino que debía acompañar cada etapa del día. Luego aparece uno de los grandes llamados a velar: “guárdate de no olvidarte de Jehová” cuando llegaran a casas que no habían edificado, pozos que no habían cavado y viñas que no habían plantado. El peligro no era solamente sufrir y olvidar a Dios; también podía ocurrir lo contrario: recibir tanto que se dejara de recordar quién había provisto. Allí aparece un hermoso contraste: en la esclavitud clamaron, Dios escuchó, Dios los liberó,ahora debían recordar, amar, obedecer, enseñar. Moisés también insiste en transmitir la Palabra a los hijos, porque una generación que no enseña lo que Dios ha hecho deja a la siguiente sin memoria espiritual. El Padre amado quería un pueblo que no solamente conociera Sus mandamientos, sino que los llevara en el corazón, los hablara en casa y los transmitiera con su propia vida. Por eso Deuteronomio 5 y 6 terminan mostrando que la firmeza comienza en el corazón antes de manifestarse en las acciones: escuchar, recordar, amar, obedecer y enseñar forman una misma cadena. Y qué hermoso es ver que nuestro Padre no pide obediencia desde la distancia; primero recuerda Su obra de liberación y después llama a responder con amor. Él no solamente dice “haz”; primero muestra “Yo hice por ti”. Así, el cuerpo de Cristo aprende que permanecer firme no consiste únicamente en resistir lo malo, sino en mantener vivo el amor por Dios cuando llega la abundancia, cuando cambian las circunstancias y cuando pasa el tiempo; porque un corazón que recuerda la fidelidad de su Padre amado puede permanecer despierto, guardar Su Palabra, caminar en amor y transmitir esa verdad a quienes vienen detrás, mientras espera fielmente a Cristo Jesús.

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