Viernes 5 Junio 2026
Hechos 21
LECTURA DIARIA


HECHOS 21:4-5, 10-11, 13-14, 17-20, 27-28, 30, 33, 35-36
Y hallados los discípulos, nos quedamos allí siete días; y ellos decían a Pablo por el Espíritu, que no subiese a Jerusalén. Cumplidos aquellos días, salimos, acompañándonos todos, con sus mujeres e hijos, hasta fuera de la ciudad; y puestos de rodillas en la playa, oramos.
Y permaneciendo nosotros allí algunos días, descendió de Judea un profeta llamado Agabo, quien viniendo a vernos, tomó el cinto de Pablo, y atándose los pies y las manos, dijo: Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en Jerusalén al varón de quien es este cinto, y le entregarán en manos de los gentiles.
Entonces Pablo respondió: ¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón? Porque yo estoy dispuesto no solo a ser atado, mas aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús. Y como no le pudimos persuadir, desistimos, diciendo: Hágase la voluntad del Señor.
Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanos nos recibieron con gozo. Y al día siguiente Pablo entró con nosotros a ver a Jacobo, y se hallaban reunidos todos los ancianos; a los cuales, después de haberles saludado, les contó una por una las cosas que Dios había hecho entre los gentiles por su ministerio. Cuando ellos lo oyeron, glorificaron a Dios, y le dijeron: Ya ves, hermano, cuántos millares de judíos hay que han creído; y todos son celosos por la ley.
Pero cuando estaban para cumplirse los siete días, unos judíos de Asia, al verle en el templo, alborotaron a toda la multitud y le echaron mano, dando voces: ¡Varones israelitas, ayudad! Este es el hombre que por todas partes enseña a todos contra el pueblo, la ley y este lugar; y además de esto, ha metido a griegos en el templo, y ha profanado este santo lugar.
Así que toda la ciudad se conmovió, y se agolpó el pueblo; y apoderándose de Pablo, le arrastraron fuera del templo, e inmediatamente cerraron las puertas.
Entonces, llegando el tribuno, le prendió y le mandó atar con dos cadenas, y preguntó quién era y qué había hecho.
Al llegar a las gradas, aconteció que era llevado en peso por los soldados a causa de la violencia de la multitud; porque la muchedumbre del pueblo venía detrás, gritando: ¡Muera!
En Hechos 21 vemos a Pablo avanzando hacia Jerusalén a pesar de las repetidas advertencias que Dios le estaba mostrando a través de los creyentes y de la profecía de Agabo acerca de las aflicciones que le esperaban. El capítulo enseña una verdad muy profunda: el amor por Dios y el celo espiritual deben caminar acompañados de sensibilidad para escuchar Su dirección. Pablo estaba dispuesto a entregar su vida por Cristo Jesús y no estimaba su propia seguridad por encima de su llamado, una actitud admirable de entrega y valentía. Sin embargo, el relato también invita al creyente a reflexionar sobre la importancia de discernir cuándo Dios está mostrando un camino y cuándo está alertando sobre las consecuencias de una decisión. Los hermanos lloraban, oraban y procuraban protegerlo porque lo amaban profundamente, mostrando el valor del consejo y de la comunión entre creyentes.
Mientras aguardamos el retorno de Cristo Jesús, somos llamados a caminar por fe con un corazón dispuesto a obedecer, pero también sensible para escuchar la voz de nuestro Padre amado, valorando Su dirección por encima de nuestras propias convicciones, deseos o planes. Porque la firmeza espiritual no consiste solamente en avanzar con valentía, sino también en saber detenerse, escuchar y responder a la guía de Dios con humildad y confianza.
