Viernes 6 Marzo 2026
Mateo 27
LECTURA DIARIA


Mateo 27:3-5,22, 29, 35, 50-51, 54
Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú! Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó.
Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado!
y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos!
Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.
Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron;
El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente este era Hijo de Dios.
En Mateo 27 contemplamos el momento culminante del sacrificio de Cristo Jesús, donde se revela hasta qué punto llega el amor redentor de Dios. Judas, al reconocer la gravedad de su traición, devuelve las monedas, mostrando que el remordimiento sin verdadera rendición no produce restauración. Luego vemos cómo el Señor es llevado ante Pilato y, aun siendo inocente, es entregado para ser crucificado mientras la multitud prefiere liberar a Barrabás. En la cultura de la época, la crucifixión era el castigo más humillante y reservado para criminales; sin embargo, Cristo Jesús la soporta en silencio, cumpliendo el propósito del Padre. Es burlado, golpeado y coronado con espinas por los soldados, quienes sin saberlo estaban representando la carga del pecado que Él venía a redimir. En la cruz, incluso en medio del dolor, se cumplen las Escrituras y el velo del templo se rasga, señal profunda dentro del pensamiento oriental que indica que el acceso a Dios queda abierto. Finalmente, aun un centurión romano reconoce que verdaderamente Él es el Hijo de Dios. Este capítulo nos muestra que la verdadera firmeza espiritual no se demuestra evitando la prueba, sino permaneciendo fieles a Dios en medio de ella, confiando en que incluso los momentos más oscuros pueden formar parte del cumplimiento del propósito divino .
1️⃣ Permanecer firmes aun cuando seamos incomprendidos
Cristo Jesús fue rechazado y humillado, pero no abandonó su misión. La fidelidad a Dios no depende de la aprobación de la multitud.
📖 1 Pedro 2:21
“Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo…”
2️⃣ No seguir la presión de la multitud
Muchos sabían que Jesús era inocente, pero siguieron la voz del pueblo. La fe firme aprende a sostener la verdad aunque otros no la apoyen.
📖 Romanos 12:2
“No os conforméis a este siglo…”
3️⃣ Recordar que el sacrificio de Cristo abrió el acceso a Dios
El velo rasgado representa que ahora podemos acercarnos con confianza al Padre.
📖 Hebreos 10:19–20
“Teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo…”
4️⃣ Reconocer a Cristo Jesús verdaderamente
El centurión entendió al ver lo que ocurrió. Nuestra fe debe llevarnos a reconocerlo no solo con palabras, sino con una vida rendida.
📖 Filipenses 2:8–9
“Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte…”
Mateo 27 nos recuerda que la firmeza espiritual se revela cuando la fe atraviesa momentos difíciles. Cristo Jesús mostró que obedecer al Padre y caminar en amor es más poderoso que cualquier injusticia humana. La cruz, que parecía derrota, se convirtió en la puerta de la redención.
