Viernes 9 Octubre 2026
Josué 13 y 14
LECTURA DIARIA


JOSUÉ 13:1, 14, 33
Siendo Josué ya viejo, entrado en años, Jehová le dijo: Tú eres ya viejo, de edad avanzada, y queda aún mucha tierra por poseer.
Pero a la tribu de Leví no dio heredad; los sacrificios de Jehová Dios de Israel son su heredad, como él les había dicho.
Mas a la tribu de Leví no dio Moisés heredad; Jehová Dios de Israel es la heredad de ellos, como él les había dicho.
JOSUÉ 14:6-14
Y los hijos de Judá vinieron a Josué en Gilgal; y Caleb, hijo de Jefone cenezeo, le dijo: Tú sabes lo que Jehová dijo a Moisés, varón de Dios, en Cades-barnea, tocante a mí y a ti. Yo era de edad de cuarenta años cuando Moisés siervo de Jehová me envió de Cades-barnea a reconocer la tierra; y yo le traje noticias como lo sentía en mi corazón. Y mis hermanos, los que habían subido conmigo, hicieron desfallecer el corazón del pueblo; pero yo cumplí siguiendo a Jehová mi Dios. Entonces Moisés juró diciendo: Ciertamente la tierra que holló tu pie será para ti, y para tus hijos en herencia perpetua, por cuanto cumpliste siguiendo a Jehová mi Dios. Ahora bien, Jehová me ha hecho vivir, como él dijo, estos cuarenta y cinco años, desde el tiempo que Jehová habló estas palabras a Moisés, cuando Israel andaba por el desierto; y ahora, he aquí, hoy soy de edad de ochenta y cinco años. Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi fuerza para la guerra, y para salir y para entrar. Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho. Josué entonces le bendijo, y dio a Caleb hijo de Jefone a Hebrón por heredad. Por tanto, Hebrón vino a ser heredad de Caleb hijo de Jefone cenezeo, hasta hoy, por cuanto había seguido cumplidamente a Jehová Dios de Israel.
Josué 13 y 14 nos muestran que, aunque Israel ya había conquistado gran parte de la tierra, todavía quedaba territorio por poseer. Dios le dice a Josué: «Siendo aún muy viejo, queda aún mucha tierra por poseer». ¡Qué declaración tan significativa! Había avances reales, pero la tarea no había terminado. En la vida del creyente también puede haber crecimiento y victorias sin que eso signifique que ya no queda nada por aprender, corregir o alcanzar; por eso es necesario permanecer atentos, firmes y dispuestos a seguir obedeciendo. Luego, el capítulo 13 recuerda cómo se distribuyó la herencia entre las tribus, y destaca que los levitas no recibieron una porción territorial como las demás, porque Jehová mismo era su heredad. Esta imagen nos recuerda que la seguridad más profunda no está solamente en lo que se posee, sino en Aquel a quien pertenece nuestra vida. En el capítulo 14 aparece Caleb, quien, cuarenta y cinco años después de recibir la promesa, sigue firme en su confianza. A sus ochenta y cinco años declara: «Todavía estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió», y pide la región montañosa que Dios le había prometido. Caleb no negó que hubiera gigantes ni que las ciudades estuvieran fortificadas; simplemente no permitió que los obstáculos fueran mayores que su confianza en la Palabra recibida. Su perseverancia no nació de la prisa, sino de haber seguido plenamente a Jehová. Para el creyente, estos capítulos dejan una enseñanza preciosa: que todavía quede camino por recorrer no significa que Dios haya olvidado Su promesa. Nuestro Padre amado nos llama a no vivir distraídos por lo que falta ni conformarnos con lo que ya hemos alcanzado, sino a continuar con una fe firme, una mente renovada y un corazón dispuesto a obedecer. Velar es reconocer que aún hay terreno que debemos caminar; perseverar es seguir confiando aunque la promesa tarde en cumplirse. Como Caleb, que cada creyente pueda mirar hacia lo que tiene delante con confianza, no porque el camino sea fácil, sino porque Dios permanece fiel. Y que la Iglesia continúe avanzando en obediencia y amor, atenta y perseverante, mientras aguarda el retorno de nuestro Señor Jesucristo.


